Literatura y pansexualismo (docto)

La rúcula a que se reduce en estos tiempos el plato fresco literario (voyerismo, amabilidad, teoría de los 6 grados hasta Kafka, por Facebook), me ha dejado un regurgito de mostaza picante (mi “ella” le pone siempre mostaza a la vinagreta) que sólo voy a ver rebajado si dedico unas líneas a cierta justicia poética, cierto extrañamiento de los hombres, que a algunos nos saca del copetín pansexual con que se sofríe el banquete.

Un amigo virtual me obsequiaba una anécdota lúbrica, cachonda, que involucraba a un famoso escritor español de segunda mitad de siglo XX y a una sobrinita suya, de cuyas piernas hacía el tipo fatal maná sexual: sobón, recurrente en babas, y hasta en poética.

¿El egotismo del escritor le conduce al machismo, y el machismo ficcional a la pornografía de símbolos y mujeres? Si nuestro sistema de parentesco cuenta algún avance (no rebatamos esto, please), no es sino en el blindaje que hoy hacemos a los menores/apenas púberes. Hoy difícilmente sería publicable o perduraría en stands libreros un texto de autoficción que reflejase una cosa pudenda con adolescentes, escrita por un contemporáneo (o todo lo contrario; sería un fenómeno viral y, por tanto, lastrado ya de magia). La cosa además se agravaría si a ciencia cierta se garantizase un verismo de la narración; que detrás de las palabras se produjo el hecho, cualquiera. O sea, que estamos hartos de leer apologías de este tipo en autores clásicos, obras y autores que se reeditan, pero entre coetáneos nos tomamos las cuentas; ¿sistema de parentesco mudable o interés personal? Seguro en una coyuntura como la actual, tan de revisión en cuanto al rol femenino, nadie quiere encañonarse de actualidad. Pero no deja de desconcertar: un día asumimos y fue normal la certeza de piernas frescas. No hace tanto.

Yo creo que esto de hoy es por el Capitalismo. ¿Qué feliz aspecto de su lógica social ha traído el blindaje?