Especial David Bowie: LIFT OFF

El Lift Off dedicado a Bowie (La Galla Ciencia, 2016) es ya un ascua del fuego que arde mi habitación, y que sólo la noche y el coma (no tienen por qué ir en este orden) parecen capaces de apocar. Despertarse será, así, un barrer de ceniza los rincones de esta chambre relativa, ocasional, transitoria, en donde reposo libros y el cansancio de batalla, y en la cual, a veces, amanece un rescoldo cabrón y lúcido, que ni seis o siete horas de calma han reducido. Este calor residual del día anterior es harina para vómito, un recordatorio de lo que persiste inasequible al tedio. Una bonita mancha.

Ascua, fuego latente, soundtrack que el tiempo no disipa: como Bowie.

Entre sus páginas he encontrado, sobre todo, color, intención, un orden y panorámica del asunto magacinero patrio sin parangón. En LGC saben lo que manejar y cómo hacerlo. Dicho esto, y como fan silvestre que fui (y sigo siendo, aun con alternativas, con rechazos y con regresos) de Bowie, mi lectura del especial ha sido dolorosa y culmen en proporciones idénticas. Pensaba en la ofrenda que yo le habría presentado al Duque Blanco, no sé si en forma de poesía o de viñeta/memorias, y me maldecía de esa ausencia circunstancial; al mismo tiempo, rememoraba capítulos de cuando la adolescencia y las “pintas”; aquella óptica hambrienta de las cosas.

Todos hemos sido Bowie, de cara a algún despertar (carne, música, poesía); la cultura fronteriza (aunque resulte paradójico) nunca dejará de orbitar una ortodoxia, unos ademanes, y de esa alfombra paciente y unitaria, sin duda, David Bowie forma parte. Como Toulouse-Lautrec, como Panero, como Rodin. Están los que ven en ciertas explosiones solares un fin cierto de la existencia como la conocemos, que la Tierra kaputt y todo eso, y en ese caso, claro, ni Napoleón ni Belén Esteban, después de petar. Pero hasta que eso llegue, se mantengan los símbolos.

Símbolos que hablarían de épica y gravedad si no fuese porque el frente que integran Bowie, Iggy o Lou Reed (los cuales compartieron piso en Berlín, en los 70, por un breve periodo; ¿os imagináis?), es un frente fragmentado, que no se inclina ante ni conoce marchamo alguno. Acaso la ocasión más libre de la historia de la música.

Conque Juan de Dios García, Pablo Cerezal, y páginas con olor a pistola y manual de la UNED; Copón Estudio, Carlos Ann, biografías a todo color, Starman, grafos deslavazados; poemas, lágrimas, métrica, impulso, caos. Un largo etcétera que compone este especial, garante de fiebre.

Conque, ya digo, esta nota infarta por ti, Ziggy, infarta, a la altura del pecho, sudada de aquellos vestidos estrechos a tu cuerpo, insólitos al mundo, con que creíste ensanchar el género, la mesura de hogares y hasta algunos culos, Ziggy; infarta en la magia de tu pelo, en el quiebro de una maldad así como de pronto, una raya de coca, tu desdén por el canon.

Infarta, y ya afronta su odisea al espacio.

Especial Bowie: Lift Off