Sociedad

La crisis de los medios de comunicación y de la libertad de expresión

Pedro González de Molina Soler
La crisis de los medios de comunicación y de la libertad de expresión - Sociedad - 7 Islands Magazine

Fuente: www.miguelgila.com

A día de hoy hay dos amenazas principales a la libertad de prensa; las injerencias del poder económico, por un lado, y del poder político, por el otro, que ha puesto en duda su eficacia como control del poder. Estas amenazas se ven inmersas en un panorama desolador. La aparición de internet, y la financiarización de la economía, han ido socavando el negocio de la prensa escrita, hasta el punto de ser en España bastante minoritaria. Aproximadamente los diversos periódicos de tirada nacional han ido perdiendo lectores a un ritmo acelerado, proceso que ha acelerado la crisis, mientras más personas se informan a través de la prensa digital o en las redes sociales (aunque no hay que olvidar que la mayoría sigue haciéndolo por televisión). Las cifras actuales son que El País tiene 102.000 lectores de su diario en papel (cuando era uno de los periódicos más leídos y comprados de este país), El Mundo 63.000, ABC 53.000 y La Razón 49.000, no llegando ni a los 300.000 ejemplares. Esto demuestra la pérdida de influencia de los periódicos en la calle, inmersas en una crisis sin precedentes. ¿Por qué se ha producido esta crisis? Podríamos apuntar ciertas hipótesis al respecto:

La primera sería que la crisis en España también ha afectado a uno de los sostenes del statu quo, como es el llamado 4º poder (medios de comunicación), debido a múltiples factores, que han terminado desembocando en que la profesión del periodismo sea la peor valorada por los españoles junto a los jueces y abogados.

La segunda cuestión tiene que ver con la pérdida de la diversidad en los medios de comunicación escritos, como en la televisión. La concentración empresarial desde que comenzó la crisis, como, por ejemplo, la compra del grupo PRISA por fondos de riesgo norteamericanos, por Goldman Sachs y por Carlos Slim, ha ido reduciendo la variedad de visiones sobre la política y las noticias en España hacia una dirección única, la derecha en todas sus vertientes (con un consenso neoliberal de fondo), que no ha sido paliada en demasía por la aparición de una prensa digital más de izquierdas que sigue teniendo pocos lectores en comparación.

A fin de cuentas, los medios de comunicación viven de las subvenciones que reciben de las instituciones públicas, como de la publicidad de las empresas privadas, a la vez que los medios venden audiencias privilegiadas a dichas empresas e instituciones. Esto provoca que quién paga influye en la línea editorial del periódico, o medio de comunicación, hasta poder expulsar a profesionales del medio que no se acomoden a su visión del mundo o sean muy beligerantes con ellos (por ejemplo, lo que le pasó a Pedro J. Ramírez por criticar demasiado a Rajoy, o el cierre de CQC por ser demasiado crítico con el gobierno de Aznar). De hecho, muchos de los periódicos son deficitarios, y se les sigue manteniendo para tener la capacidad de influir en los ciudadanos.

Este dogal que les ponen los partidos de derechas en España a la prensa, como grandes empresas, le ha valido a muchos medios perder espectadores o lectores por ser evidente su afinidad con el PP (o la extinta CIU o CC, por ejemplo), o con los poderes económicos o la monarquía. Un ejemplo de ello es la línea política seguida por El País desde que fue comprado por los consorcios antes mencionados, y dirigida por Cebrián, de defender día sí día también la Gran Coalición en España, a la vez que se hacían encuestas ad hoc (como la que decía que el PSM repuntaba tras la destitución de Tomás Gómez cuando se había producido unas horas antes), o los intentos del mismo periódico de influir en las elecciones internas de cada partido (Errejón frente a Iglesias, la Gestora o Susana frente a Pedro Sánchez, etc.).

Otra de las causas es la falta de rigor en muchas publicaciones, provocada de forma intencionada o por la rapidez en intentar publicar noticias en un mundo que funciona a una velocidad que no permite la reflexión, la falta de contrastación de otras noticias, o directamente la manipulación informativa o propaganda pura y dura. Manipulación evidente como la que realizó, por poner un ejemplo, La Razón borrando manifestantes con photoshop (dejando algunos sin cabeza pero con el cuerpo), o la ocultación informativa de ciertas noticias que no se quiere que se sepan.

Tampoco ayuda la situación de precariedad laboral dentro del colectivo de periodistas, donde se han ido ejerciendo las modalidades más nocivas de contratación laboral, donde se han abusado de los becarios, como de la nueva figura de “colaborador” al que se le paga una miseria por artículos. Por no hablar de las “purgas” que se han hecho en numerosos medios de los periodistas que no se adecuaban a la línea editorial, como ocurrió en El País, por ejemplo, con Miguel Ángel Aguilar, Jesús Maraña y otros tantos. Esta precarización del trabajo en las redacciones asegura un control empresarial duro sobre los trabajadores, disciplinados por el miedo al despido y la posibilidad de acabar en una “lista negra” sino sigue las directrices de los jefes.

Las injerencias de los partidos de derechas en el poder en la prensa (ya que la influencia del PSOE cuando estuvo en el poder fue menor, TVE era una cadena respetada a nivel internacional, y fuera del poder su influencia es casi nula), que ha provocado purgas dentro de los medios que le son afines cuando se ha considerado necesario. En algunos casos los periodistas mantienen el puesto de trabajo debido a la gran audiencia de sus programas (como El Intermedio o Salvados), gracias, en parte, al pragmatismo del señor Lara y a que existe ese nicho de mercado (la izquierda) que no es copado por ninguna otra cadena. En el caso de TVE o de muchas Televisiones Autonómicas, ha sido utilizadas por el PP (y sus homónimos de derechas nacionalistas) como medio de propaganda oficial, desplomando, en el caso de TVE, las cifras de audiencia y la credibilidad del medio público. En muchos casos, la propia degradación de las televisiones públicas es aprovechada por esos propios gobiernos para intentar semi-privatizarlas (como Televisión Canaria) o directamente intentar privatizarlas (como Canal Nou en Valencia), y así cumplir los sueños del neoliberalismo más feroz.

También la profesión se degrada por la propia práctica periodística. Tanto por el escaso respeto al trabajo de los periodistas que se dedican a la política, donde no se escucha qué le preguntan a los representantes públicos sino sólo la respuesta descontextualizada de ellos cosa que si se hace con los periodistas deportivos, como por el escaso respeto que se tienen a sí mismos, probablemente por presión de sus jefes, al no boicotear las ruedas de prensa sin preguntas, muy del gusto del PP.

Como último punto podríamos añadir que, tanto en Europa como en EEUU, han ido apareciendo ciertos líderes políticos y partidos de extrema derecha, que han ido atentando contra la libertad de prensa, o se han enfrentado con los medios. Un ejemplo es el presidente de los EEUU, Donald Trump, o las injerencias en la prensa del presidente húngaro, Víctor Orban, etc., que intentan amordazar a la prensa que no les es afín.

Esta situación de los medios de comunicación empobrece la democracia, y recorta la libertad de expresión. Esta misma libertad se ve constreñida por una camisa de fuerza de lo “políticamente correcto”, como, en el caso de nuestro país aunque no es el único, por la ley mordaza aprobada por el PP y las injerencias de la Iglesia Católica denunciando a personas que no comulgan con su restrictiva forma de ver la vida.

Son malos tiempos para la lírica…

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Ciudad Guayana, Puerto Ordaz, Estado Bolivar, Venezuela / Fotografía Franklin Reyes. Fuente: Juventud Rebelde

Pedro González de Molina Soler es licenciado en Historia por la UGR, Máster en RRII por la UNIA, profesor de Geografía e Historia. Actualmente trabaja en el IES Pérez Galdós como profesor de Filosofía en el programa Bachibac.