La momia nº 5

La pieza del mes

El programa  pieza del mes tiene como fin acercar a la sociedad aspectos concretos de nuestra historia a través de una selección de objetos arqueológicos y documentales. Para ello, es necesario que todas y cada de una de las piezas se hilvanen siguiendo un hilo conductor que guíe y de sentido a la información que se quiere transmitir. Sólo de esta manera podremos aspirar a construir un discurso coherente y comprensible, alejado de arbitrariedades.

La temática seleccionada para el año 2017 busca además enlazar con una parte del programa de investigación que El Museo Canario aborda actualmente, convirtiéndose así, la pieza del mes, en un vehículo para difundir, no sólo la riqueza patrimonial que alberga la entidad, sino los propios resultados alcanzados a partir de los estudios que la institución desarrolla.

Desde estos principios que inspiran la actividad pieza del mes, se ha optado por La muerte como el elemento  a tratar  a través de 12 objetos. Pese a la universalidad de tal acontecimiento, los significados, rituales, manifestaciones y simbología que rodean a la muerte difieren de unas sociedades a otras y a lo largo del tiempo dentro de un mismo grupo humano. La conceptualización de la muerte se erige así como un hecho cultural y socialmente mediado, por lo que acercarnos a ella es acercarnos a las determinadas maneras de vivir de una sociedad.

A través del registro arqueológico prehispánico y de las fuentes documentales que El Museo Canario conserva, se aspira a ofrecer una aproximación a cómo las sociedades del pasado –aborígenes e históricas- entendieron y afrontaron el momento final de la vida.

Enero 2017

El análisis de los espacios sepulcrales aborígenes y de los restos humanos en ellos depositados ha generado en los últimos años una nueva y rica información en torno a las prácticas funerarias de los antiguos canarios, que obliga a una relectura y reinterpretación del concepto de momia. Lejos de entenderse ya como elementos singulares y diferenciados del resto de la población indígena, las momias se erigen en el testimonio mejor conservado de la manera en la que los antiguos canarios prepararon a sus muertos antes de ser depositados en la sepultura que tenían destinada. Así, las momias que conserva El Museo Canario permiten estudiar de primera mano una práctica como el amortajamiento, que hoy sabemos fue un tratamiento compartido por todos los miembros de esta sociedad indígena, siguiendo unas pautas estandarizadas y normalizadas que fueron transmitidas y reiteradas generación tras generación.

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Momia procedente de cueva funeraria de Acusa (inventario 5)

El estudio de esta momia forma parte del proyecto “Momias. Biografías en 3D” financiado por la Fundación Hergar

Inventario: 5

Objeto: Momia

Materia: Material orgánico humano, vegetal y animal.

Descripción: Mujer mayor de 50 años, con presencia de osteoartritis(1) en diversas regiones anatómicas*, que puede vincularse en parte a la edad. Es de destacar la deficiente salud dental, con presencia de caries así como varias piezas perdidas en vida, todo lo cual contribuyó al desarrollo de una osteoartritis temporomandibular.

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Radiografía de la momia n.º 5. Permite apreciar la disposición del difunto

El individuo está dispuesto en decúbito supino (acostado boca arriba) con cabeza ladeada y flexionada hacia el pecho, brazos extendidos, manos sobre pelvis, piernas estiradas y juntas y pies unidos por los tobillos. En esta posición, el cuerpo fue envuelto, primero, en al menos dos lienzos de junco, cada uno de los cuales se sujetó y ciñó al cadáver mediante correas de igual material dispuestas transversalmente y atadas con nudos, como se deduce de los fragmentos conservados de tales ataduras a la altura de las manos, rodillas y pies. Sobre el segundo lienzo vegetal se dispuso un tercer envoltorio elaborado en piel de cerdo que da comienzo sobre la mitad anterior del cuerpo y continuando hacia su izquierda, rodea por completo el cadáver, finalizando en el lateral izquierdo donde es cerrado mediante una costura realizada con cinta de piel y punto de lado. Para asegurar la unión y perfecta sujeción de este fardo al último lienzo de junco, dos apéndices ubicados en el borde donde inicia la mortaja de piel fueron perforados, pasando por ellos una cinta de piel que es anudada y atada al fardo de junco. El resultado final es un auténtico saco perfectamente ajustado al cadáver.

El análisis de isótopos estables realizados sobre tejido blando conservado de esta mujer (Klee, 2016)  indica un régimen alimenticio basado preferentemente en vegetación del tipo C3, que agrupa las plantas cultivadas por la población indígena: cebada, trigo e higos. La presencia de caries y las pérdidas de piezas dentarias en vida apuntan también a una dieta rica en hidratos de carbono.


*Entre otras, cuarta, quinta y sexta vértebras dorsales, segunda, tercera y cuarta vértebras lumbares, articulación esternoclavicular, rótula izquierda y distal de fémur izquierdo.


Datación: 670-775 después de Cristo.

Contexto cultural: Periodo prehispánico de Gran Canaria.

Lugar de procedencia: Cueva funeraria de Acusa, T.M. de Artenara, Gran Canaria.

Responsables de la intervención arqueológica: El Museo Canario.

Fecha de intervención arqueológica: Década de 1930.

Comentario:

Desde los inicios de la Arqueología en Canarias -en la segunda mitad del siglo XIX- hasta la actualidad, las momias aborígenes han sido interpretadas como fruto de un tratamiento intencionalmente aplicado, orientado a interrumpir el proceso de descomposición del cadáver y garantizar así su preservación. Esta particular preparación se ha entendido además reservada para el segmento preeminente de la población indígena. Junto a la preservación de partes blandas del cadáver (órganos internos, piel, músculos, tendones…) otros dos elementos han venido definiendo al grupo de los momificados: la envoltura en pieles y/o fibras vegetales y su depósito en cuevas. Tales elementos sirvieron para construir una dualidad entre momificados y no momificados, entendida como expresión de una diferenciación social.

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Correa de junco que ata y ciñe uno de los lienzos que conforma la mortaja que envuelve al individuo.

Sin embargo, los avances en el conocimiento de las prácticas funerarias de los antiguos canarios, derivados de las excavaciones realizadas  en los últimos años en espacios cementeriales con unos principios teóricos y metodológicos renovados, han obligado a revisar y reinterpretar el significado histórico del grupo de los momificados. Al integrar ahora a la momia en el ámbito de las prácticas funerarias indígenas reconstruidas a la luz de los nuevos resultados, se observa que esta no reviste ninguna singularidad con respecto al grupo de los no momificados. Esto ya había sido puesto de manifiesto a raíz de los estudios de dieta y nutrición en dientes, que no diferenciaban a los momificados del resto de población que no conserva tejidos blandos.

Es así como hoy es posible afirmar que el amortajamiento o envoltura del cadáver en piel y/o junco, como el de esta momia número 5, formó parte del tratamiento mortuorio conferido a la práctica totalidad de los  antiguos canarios, pese a que las evidencias directas de tal envoltura no se hayan conservado en muchos casos. En los enterramientos en fosas(2) tal práctica se documenta a partir de desplazamientos óseos y pérdida de conexiones anatómicas mayores de las que cabría esperar para un proceso de descomposición que tiene lugar bajo tierra (observados por ejemplo en raquis vertebral, apertura de coxales, cráneo, mandíbula…). Tales movimientos responden a que la descomposición de los tejidos blandos del cadáver no es inmediatamente sustituida por el sedimento en que este se encuentra enterrado, al existir un elemento cobertor que impide su paso. La situación opuesta se identifica en el caso de los depósitos en cuevas o en cistas(3), donde los individuos no son propiamente enterrados, sino dispuestos sobre la superficie, de manera que en estos casos la mortaja limita el desplazamiento de los huesos del esqueleto y mantiene una proporción elevada de las conexiones anatómicas y la posición de los esqueletos.

Además, la disposición de los restos óseos en las sepulturas ha permitido también identificar que la mortaja que envolvía a los cadáveres se encontraba fuertemente ajustada siempre en las mismas regiones anatómicas: hombros, codos, manos, rodillas y pies, originando disposiciones forzadas y particulares desplazamientos en los huesos de estas áreas como resultado de la compresión que provocaría el uso de correas en esas zonas. Parte de estas correas y los nudos que las atan pueden observarse directamente en la momia 5 que nos ocupa.

En cuanto a la colocación del cadáver para su amortajamiento, sistemáticamente este aparece dispuesto en posición decúbito supino, con la cabeza flexionada hacia el pecho y habitualmente ladeada, los brazos estirados y apretados contra el cuerpo y las piernas muy juntas y extendidas, estando los pies unidos por los talones y los dedos. La disposición forzada de regiones como las manos, hombros, talones…  sugiere el uso de cintas de piel y/o junco para sujetar no sólo la mortaja, como ya se indicó, sino al propio difunto previamente a su enfardado, garantizando así la posición descrita del cuerpo y una mejor manipulación del cadáver durante el proceso de amortajamiento.

Este patrón de amortajamiento y disposición del cadáver identificados en los individuos no momificados procedentes de cementerios en fosas, cistas, túmulos y cuevas es idéntico al que podemos contemplar de manera directa en las momias de El Museo Canario, de entre las que la inventariada con el número 5 es un claro ejemplo, tal y como se recoge en el apartado “descripción” de esta ficha. Así, elementos como la verticalización de las clavículas -resultado de la fuerte compresión de los hombros que debió infligir una correa hoy no conservada-, pies unidos por los talones, la flexión de la cabeza, o la presencia de correas de junco que aún se observan atando y ciñendo al cuerpo los lienzos de junco, son sólo algunos ejemplos que apuntan a una preparación de este cadáver idéntica a la observada en los individuos esqueletizados.

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Detalle de cinta de piel anudada que traba el fardo de piel al de junco.

Por otro lado, el carácter estandarizado del procedimiento descrito sugiere una actividad llevada a cabo por personas cualificadas para ello, que conocen a la perfección su trabajo y siguen unas pautas de actuación regladas al detalle, lo cual enlaza con la existencia de especialistas ya documentada para otras labores, en el marco de la división social del trabajo de los antiguos canarios.

El enfardado de los muertos se presenta así como una práctica funeraria generalizada al conjunto de la isla, que implica a todos los rangos de población (adultos, ancianos, jóvenes, niños, hombres, mujeres), independientemente del tipo de sepultura donde fue depositado y que, por las cronologías que aportan momias y cementerios (desde el siglo V hasta el XV d.C.), tuvo una marcada profundidad temporal, haciendo que el amortajamiento pueda entenderse como una norma social que se aplica de manera sistemática y recurrente, formando parte de la práctica mortuoria de los antiguos canarios. Ello, sin embargo, no impide el reconocimiento de claras disimetrías por encima de la regla del amortajamiento. Así, los fardos que configuran las mortajas muestran calidades diferenciadas entre sujetos, como sucede también con las materias primas empleadas en su confección, o el número de lienzos que integran dicha mortaja. No podemos perder tampoco de vista otras cuestiones como el tipo de sepultura que acoge al cadáver o la disposición de la misma dentro del cementerio. Todo lo señalado apunta a que es en esas manifestaciones donde reside la expresión de unas diferentes consideraciones sociales de los difuntos.

Podemos afirmar así, que el enfardado del cadáver no puede ya ser visto como un elemento privativo del conjunto de los momificados. La segunda cuestión a plantear es si en la conservación de partes blandas de las momias que han llegado hasta nosotros no estarían interviniendo procesos tafonómicos(4) como las propias características ambientales de las cuevas en donde son depositadas. En este sentido, si analizamos los espacios en cuevas, observamos que estos ambientes no sólo han proporcionado restos humanos momificados sino que también han favorecido la conservación por desecación de las propias mortajas, de materiales domésticos elaborados en junco y palma (prendas de vestir, recipientes, esteras…) procedentes de cavidades de uso doméstico,  o incluso restos vegetales tales como espigas de cereales, lentejas dentro de sus vainas, higos y los propios insectos que atacaron estos productos en el interior de graneros (Morales et al., 2014). De igual forma, la extracción de ADN de algunos granos de trigo y de cebada es indicativa de una conservación inusual en este tipo de restos arqueológicos, siendo además una de las muestras más antiguas del mundo donde estos análisis se han realizado con éxito (por ej. Hagenblad et al., 2017). Por tanto la conservación de tejidos blandos en sujetos depositados en cuevas puede enmarcarse en el mismo proceso que afecta a tales objetos: espacios con condiciones específicas de temperatura y humedad estables que favorecen los procesos de deshidratación del material orgánico. La momificación semeja así presentarse más como un fenómeno natural de desecación que como una actividad antrópica intencional. Son los ambientes de descomposición los que parecen determinar la mayor o menor conservación de los cadáveres, tal y como acontece con los fardos que los envuelven.

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Detalle de las finas costuras realizadas con tendón, usadas para empatar diferentes trozos de piel y confeccionar así el lienzo.

Lo dicho no se traduce en una ausencia de tratamientos del cadáver más allá del enfardado. La aplicación de ungüentos y bálsamos naturales al cuerpo que las fuentes etnohistóricas describen pudieron haberse llevado a cabo sin que el destino final de tales tratamientos fuera la momificación. De hecho, la propia presencia de diferentes especies de fauna cadavérica en las momias, correspondientes a cada uno de los estadios que acontecen durante la descomposición, son claros indicadores de que tales tratamientos no lograron detener la putrefacción del cadáver.

En definitiva, la momia 5, como el resto de momias que conserva El Museo Canario, tienen el enorme valor de permitirnos contemplar de manera directa y en un excelente estado de conservación el resultado final de la preparación de los cadáveres antes de ser dispuestos en el cementerio. Las momias nos permiten conocer con una mayor profundidad y detalle esta parte de la manipulación o tratamiento del cadáver que fue el amortajamiento así como la propia confección de los fardos.

Forma de ingreso: Exploración

Fecha de ingreso: Década de 1930

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Glosario

(1) Osteoartritis: enfermedad articular degenerativa, generalmente por causas mecánicas (Krenzer, 2006)

(2) Fosa: hoyo abierto en la tierra para inhumar uno o más cadáveres

(3) Cista: fosa abierta en el suelo cuyas paredes y suelo son recubiertos de piedra, y cuyo cierre se efectúa con piedras o madera, dando lugar a una caja de piedra. Está destinada al depósito de uno o más cadáveres.

(4) Tafonomía: estudio de los procesos naturales y antrópicos que afectan a los materiales desde que son depositados o abandonados hasta su recuperación.

Autor de la ficha: Teresa Delgado Darias (Conservadora de El Museo Canario)

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Bibliografía

ALBERTO BARROSO, V.; DELGADO DARIAS, T.; VELASCO VÁZQUEZ, J. y SANTANA CABRERA, J. “En la ambigüedad de tu piel. Sobre momias y tumbas”. Tabona, n.º 20, 2016 (2013-2014), pp. 33-60.

ALBERTO BARROSO, V. y VELASCO VÁZQUEZ, J. “Manipulación del cadáver y práctica funeraria entre los antiguos canarios: la perspectiva osteoarqueológica”. Tabona, n.º 18, 2009-2010, pp. 91-120.

DELGADO DARIAS, T.; ALBERTO BARROSO, V.; VELASCO VÁZQUEZ, J. Y SANTANA CABRERA, J. “La construcción del modelo cultural. El significado de los fardos funerarios y la conformación de identidad a partir de la momia”. En XXII Coloquio de Historia Canario Americana (3-7 de octubre de 2016), Las Palmas de Gran Canaria: Cabildo de Gran Canaria, (en prensa).

HAGENBLAD, J.; MORALES, J.; LEINO, M.W.; RODRÍGUEZ, A.C. “Farmer FIDELITY IN THE Canary Islands revealed by ancient DNA from prehistoric seeds”. Journal of Archaeological Science, 78, 2017, pp. 78-87.

KLEE, J. Le régime alimentaire des premiers habitants des Îles Canaries en relation avec le cadre climatique. Stage de recherche Master 2. Université Claude Bernard Lyon 1. Ecole Normale Supérieure de Lyon, (inédito). 2016.

KRENZER, U.: Compendio de métodos arqueológicos antropológico forenses para la reconstrucción del perfil osteo-biológico. Guatemala: CAFCA. 2006

MORALES, J.; RODRÍGUEZ, A.; GONZÁLEZ, M.C.; MARTÍN, E.; HENRÍQUEZ, P. y DEL PINO, M. “The archaeobotany of long-term crop storage in northwest African communal granaries: a case study from pre-Hispanic Gran Canaria (cal. ad 1000-1500)”. Vegetation History and Archaeobotany 23(6), 2014, pp. 789-804.

OLALDE, I.; CAPOTE J.; DEL ARCO, M.C.; ATOCHE, P.; DELGADO, T.; GONZÁLEZ, R.; PAIS, J.; AMILLS, M.; LALUEZA, C. Y RAMÍREZ, O. “Ancient DNA sheds light on the ancestro of pre-hispanic Canarian pigs”. Genetics Selection Evolution, vol. 47, 2015.