Doctor, pierdo humor

El humor a revisión

Estoy de mal humor. La risa, la carcajada parece que me han abandonado. Ando un poco descalabrada, no sé si a ustedes les pasará lo mismo. El caso es que yo llevo unos días que por la mañana se me pega el mal humor. Parece que en los últimos años nos estamos volviendo más serios, o más sensibles, como si de repente estuviéramos completamente colorados después de un día de playa sin protección y te encontraras con el típico amigo que te da una tollina en la espalda mientras te saluda con un ¡que pasó, cangrejo! —por supuesto, era una broma— y en vez de acordarte de toda su familia —también en broma— le arrancas el pescuezo y luego te vas derechito al juzgado a poner una denuncia, !qué atrevimiento!

Perdónenme el ejemplo, es que vengo de la playa y por el camino me he tropezado con Shetlas en un semáforo, el mono o simio del Festival de Cine de Las Palmas, con el de la asociación de la protección de estos animales y con un taxista cabreado porque  estaba escuchando a la Santamaría decirle a los de enfrente que qué modales eran esos para tan noble cámara, que mejor se fueran a Suiza a aprender el arte de callar y de la amnesia real.

Y mis vapores se aceleran al mismo tiempo que mi humor se va colando por las rendijas de una alcantarilla pestilente. Y en mi intento desesperado por perseguir el estado dichoso, coloco un ojo en la tapa ferrosa y pesada por donde van las aguas residuales y diviso a un almirante gordo, con la boca abierta esperando su ración de HUMOR.

Pero me tengo que apartar de un salto porque la pestilencia de su eructo sale disparada en ese momento haciendo saltar por los aires las tapas, mientras las togas negras meten presos a estudiantes como Cassandra, que se aleja de la universidad escuchando a Def Con Dos. Y entretanto, lo único que quiero es salir corriendo, y en mis prisas por huir de la nube tóxica y la mal avenida justicia, casi tropiezo con unos títeres que buscan manos que los muevan, porque las de sus dueños se las han cortado en Leganés.

Así que, claro, disculpen el humor, me lo estoy mirando. Y mejor les dejo las conclusiones a las que llega una institución tan sería como la Fundeu, que esperemos que no metan en la cárcel y nos quedemos sin consultores de dudas.

Conclusiones «El lenguaje del humor en el periodismo en español»

XI SEMINARIO INTERNACIONAL DE LENGUA Y PERIODISMO / Fundeu

1. El humor implica opinión, es una toma de postura. El humorista nace como consecuencia de un desajuste, una discrepancia con el mundo.

2. Humor y comicidad son conceptos diferentes; el primero se asocia al discurso y el segundo a las situaciones.

3. El humor aplicado a la información tiene como principal utilidad hacer un ajuste de cuentas civilizado con el poder. Al aplicar el humor a la información es posible permitirse ciertas licencias que en otros espacios no serían posibles.

4. El humor informativo ha de partir de informaciones de excelente calidad, de fuentes que gocen de toda credibilidad. Y se desarrolla con mucho esfuerzo: detrás de un buen chiste hay muchas horas de trabajo serio. El humor no puede deformar la información, sí interpretarla. A quien Fundéu, 2016. Creative commons reconocimiento compartir igual 3.0 unported opina en tono de humor (y las viñetas son columnas visuales, opiniones gráficas) se le permite exagerar, pero no inventar.

5. El humor requiere la complicidad del receptor: el humorista lanza la idea, pero es el receptor quien la completa. Se necesitan códigos compartidos y contexto para que el proceso se lleve a cabo con éxito. Por eso, las cosas no son graciosas per se: alguien las encuentra graciosas (o no).

6. Algunas de las nuevas formas de difusión tienden a eliminar ese contexto y a poner ciertos chistes al alcance de quien no los quiere oír o de quien no tiene sentido del humor, y eso crea tensión en los propios medios por la reacción que genera en algunos receptores.

7. El humor presupone inteligencia; reírse es un signo de madurez. Hay un aspecto ético, una responsabilidad del humorista, vinculado también a la libertad de expresión: que se pueda sostener en broma lo mismo que se pueda sostener en serio. Los límites del humor deben estar más marcados por la sensibilidad personal y social que por las leyes.

8. El humor es un bisturí: bien aplicado tiene poderes curativos, mal aplicado puede hacer mucho daño. Dentro de la profesión periodística, el humor tiene sus normas. Es un arma y debe manejarse con responsabilidad porque, a menudo, el daño causado no se puede rectificar.

9. El humor es un hecho pragmático basado en la incongruencia (se rompe lo que sería esperable encontrar en un contexto determinado). En el estudio lingüístico del humor, hay elementos que se repiten y se pueden analizar. Presenta marcas (como los gestos o la entonación) y ciertos indicadores o elementos frecuentes (polisemia, paronimia, seudoabarcadores, fraseología, variación, etc.) que ayudan a interpretar que se está en «modo humorístico».

10. No hay lenguas especialmente divertidas, pero sí sociedades más divertidas o más amargadas. También hay que tener en cuenta las bases psicológicas del humor. Para Freud, el chiste se basa en la dualidad: se simultanean dos aspectos contrarios, no inhibidos (y teniendo en cuenta que los términos contrarios no son lo mismo que los términos contradictorios). Para Bergson, los automatismos son importantes en la creación de humor: se hace lo de siempre, pero fuera de contexto.