Arbitrismo y Posmodernidad. Carta al ciudadano

«Yo, señores, soy algo así como un arbitrista, y vengo dando a la cuestión literaria muchos y diferentes arbitrios, todos en provecho della y sin daño del Underground, fuente de todos mis sofismas, de los cuales vosotros hacéis un opio personalísimo y motivo diferenciador, como sea que no hay estatus más seguro de estándares que el que encuentra uno al abrigo del latifundio artístico (navajero), al que representamos.

¡Y ya estáis situados! ¡Ese peligro, esa rebeldía cómoda de las calefacciones! Por todos vosotros, plétora de “artistas” o aspirantes a serlo, hacemos planes, elaboramos memoriales, buscando soluciones de continuidad. Hemos fundado revistas con millares de likes y en el Leal Arbitrio (redactado por Luna, Juan y Ernesto) estipulamos necesaria la incorporación de algunos de vosotros a la carrera arbitrista. ¿No es ésta una muestra de compromiso? ¿Que entre memorialistas acordemos “riesgo”, y a la amenaza de plagios y malas artes respondamos con estatura? Este mester no es fácil, si se comparte. No son pocos los que nos acusan de innovar, de sacar a las personas y a las cosas de su estado natural, como si esto fuera ocioso. A nosotros nos ocurre de reírnos: ¡Qué otra cosa vamos a hacer, trabajando como trabajamos en total soledad, y como vehículo sólo las palabras (¿y el autobús de Hazte Oír?)! Qué vamos a hacer, digo, sino impregnarlo todo de mareo, hasta ponernos en valor e incluso enfrentamiento a nosotros mismos. Pero después hay sesión de fotos, y sonreímos en el pacto vaporoso con el peligro y los medios.

Sin embargo la pasión por el oro y la plata de quienes no pertenecen al latifundio (pronunciemos “latifundio” en voz baja, sin petulancia), insiste en empañar nuestro trabajo, y nos encontramos hoy, tantos hombres buenos, trenzando mala fama. A espuertas. La reacción del público y de algunos medios sin gran difusión, ante nuestro momento vital (cabezas para la organización colectiva), ha confundido responsables culturales y personas que proponen remedios. En el juego de los acontecimientos, nosotros estamos del lado de los consumidores; qué bien queda, ¿no?, “consumidores”; ¿de qué? ¿de libros? ¿asistentes a gastrocafés? Sobre esto algo de interés ha dicho el filósofo Peter Sloterdijk, y refiriéndolo aquí ya estoy obsequiando un hallazgo propio de arbitrista, que no voy a hacer ni el gesto de registrar: La producción del arte gira en torno a la exposición del arte, que a su vez gira en torno a la producción de exposiciones. Un pedazo de circo asqueroso, del que felizmente beneficiarse, denunciándolo. Nosotros estamos aquí para señalar los vicios del sistema que nos da de comer, y, si cabe, confundirnos de ositos panda. Estamos aquí para amplificar la consigna más lograda de la posmodernidad (cuánto la repetimos): elitismo al alcance de todos. ¡El mejor contraluz de las cosas!

Pero ya oigo las voces castrenses, repitiendo de mi pertenencia (claro) a esta misma y extensa finca rústica, latifundio de subnormales. ¡Cómo me río! Soy Juan, soy Luna, soy Alberto, y hasta Martín, y con esbozar doctrinas en tiempos de mercantilismo, expío el remordimiento (si acaso se da) de blasfemar underground, mientras pongo la saca.

Y esta solemne conciencia de crisis».

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