Un año de 7iM

Cumplimos nuestro primer aniversario. Todo lo que les hemos contado es fruto del trabajo de este equipo: saliendo a la calle a ver qué pasa, buscando historias en el recuerdo propio o ajeno, en los libros y en la red. Y también gracias a la colaboración de algunos cómplices y medios amigos, a ambos lados del atlántico y en varios idiomas, que nos han regalado sus narraciones con un guiño.

Durante este tiempo hemos descubierto voces, miradas, letras, tareas y vidas que nos han fascinado. Muchas a la vuelta de la esquina, otras tantas más allá de nuestro mar. Queremos seguir haciéndolo sin que nadie nos dicte qué es interesante y qué no lo es. Por lo menos hasta que se nos acaben las fuerzas, aunque seamos veinte o solo dos. Nuestro trabajo no es consecuencia del compromiso adquirido con nuestros lectores —no los conocemos y nos parecería de una confianza excesiva—, tampoco de contrato alguno con entes que nos obliguen a contar la verdad. Si algún personaje se repite solo es porque nos parece interesante o nos cae bien. Si algún motivo es reiterativo es porque somos obsesivos y caprichosos.

No podríamos hacer esta publicación si no fuéramos optimistas, si a pesar de nuestras carencias periodísticas, narrativas y creativas, no siguiéramos empeñados en contarles algunas historias que nos parece que deben ser contadas. Asumimos ese riesgo, porque cuando se hacen las cosas por placer no existe más obligación que disfrutar de esa dosis de soberbia necesaria, la que nos lleva a pensar que les parecerá interesante lo que escribimos, fotografiamos o filmamos. Y también de la humildad imprescindible para aceptar que no nos lean. Seguiremos siendo el medio más lento de las islas, pero eso es parte del placer.

Gracias por compartirlo.

***

Este fue nuestro texto de presentación, al que seguimos siendo fieles:

Comenzamos a tramar esta locura hace casi un año, animados por un puñado de amigos que nos susurraban al oído que la idea era buena, que el propósito era exagerado pero fascinante, que, por lo menos, diéramos el paso y que luego ya veríamos; que a veces las aves milenarias se dejan ver.

Y nos pusimos a recordar, a observar a nuestro alrededor, a escuchar, a preguntar a nuestros mayores y a un niño que decía: «Mira, qué luna tan bonita». Conversamos con amigos y familiares, también con gente que desconocíamos y que se sumó al proyecto, delante de las cámaras y los micrófonos los más valientes, detrás y tecleando en el ordenador los advenedizos, con los ojos saltones.

Nuestro objetivo, igual de simple que ambicioso: miren, lean, escuchen. Aquí, desde este puñado de islas en medio del océano, les queremos contar que hay un montón de personas que flota en su trocito de tierra y hace cosas interesantes, como en muchos otros sitios. Muchos que se fueron, recorrieron el mundo. Otros que vinieron, se quedaron.

Nuestros antepasados vieron pasar barcos piratas y ballenas asesinas, conquistadores y reyes destronados. Aquí la tierra se abre de par en par para escupir fuego, dejar momias al descubierto, ocultar fugitivos. Gente de todas partes del mundo pasó y sigue pasando y quedándose, mezclando creencias, acentos, formas de contemplar el mar. Las lámparas se encienden como en cualquier lugar del mundo y un puñado de locos se pone a escribir sobre un crimen, sobre Hércules, las Siemprevivas, o sobre nuestros vecinos. Un niño inglés puso un día a funcionar una cámara de cine encuadrando a aparceros y plataneras y desde entonces la cámara no ha parado. Otros, no menos locos, se ponen a escarbar cada día para sacar lo mejor de la tierra, observan el universo desde una cima o a través de un microscopio. Y otros inventan, se empeñan en vivir del sol y del viento. Todos nos metemos en el mar y nos creemos islas por un rato, temiendo el frío que nunca llega del todo, luchando para que siga siendo así, recordando o soñando con los que se fueron a América, los que vinieron de África, de Europa, de la India.

Un día nos paramos a contemplarnos y nos dijimos: qué sinvergüenzas, qué buscavidas, qué raros y graciosos, qué contradictorios y solidarios. Y este paisaje, todo miseria y belleza a partes iguales en algunos sitios y a partes desiguales en otros. Estas islas han sobrevivido a la historia y a las olas, que no han conseguido que dejemos de transformarnos, las mujeres en hombres y viceversa, los pobres en ricos por un rato, los recién nacidos en bailarines habilidosos, los tímidos en camaleones ingeniosos, en definitiva: los unos en los otros, que es lo que mejor nos sale en esta tierra. Por eso decidimos aventurarnos y transformarnos en contadores de historias, las de aquí y las de más allá, que también son parte de nosotros. Porque en todos lados, aún en los lugares más remotos, si uno se fija bien, con paciencia y curiosidad, pueden aparecer aves milenarias que se dejen ver.

Bienvenidos a 7iM.

***