The CIR

Welcome to the Canary Islands

El Reino Unido se va de Europa, pero también se queda. O dicho de otra manera, no se puede ir, al menos físicamente, y tampoco puede borrarse donde estuvo. Lo mismo pasa con los ingleses, que andan habitando los lugares igual que  el resto de mortales. Con la globalización, a veces olvidamos que siempre ha sido así; toda nacionalidad, cultura e identidad se paseó por La Tierra formando sociedades de colores, pequeños universos  llenos de diversidad por doquier. Lo cierto es que, desde siempre, todo el mundo está en todas partes.

También en Canarias, donde los ingleses mostraron interés hace ya varios siglos. A finales del XIX, se estaba articulando una suerte de colonia británica en las islas, donde parecía cumplirse ese tópico de que los ingleses van instalándose por el mundo sin mayor interés por integrarse en las diferentes culturas, sino llevándose consigo sus usos y costumbres, como quien se lleva el táper al trabajo, aun cuando la empresa tiene catering. Así, montaron clubs en los que pasaban el tiempo y disfrutaban de un clima inconcebible en esas tierras de frío y lluvia que tenían en el norte. Disfrutaban del encanto de las islas afortunadas, pero encerrados en sus clubs deportivos, fiestas y reuniones sociales.

The CIR: Welcome to the Canary Islands - 7 Islands Magazine

Equipo femenino de Hockey del Real Club Victoria, 1938 / Fuente: FEDAC

Se cumplía el tópico, salvo por un pequeño acontecimiento que, como un destello de la Historia, ha quedado perdido entre tanta información, y que por un momento parecía tener algún significado. Unos tipos, acaso con dificultades para entenderse mutuamente, compartiendo establecimiento con el entonces Diario de Las Palmas, en la calle Pérez Galdós nº 51, se estrujaban la cabeza transcribiendo palabras y palabras en un idioma que, imaginamos, desconocían, y todo ello para contar las venturas y desventuras de un puñado de extranjeros que vivían en esas islas perdidas entre dos continentes. El día 9 de marzo de 1903 salía a la luz The Canary Islands Review (THE CIR), un semanario que contaba la vida de los miembros de esa pequeña colonia en Canarias, los acontecimientos relevantes y la crónica de la semana. Pareciera un boletín sin importancia, salvo porque su director, Charles Meyer, obtuvo el premio “Award of Merit” por haber fundado el que consideraban el primer periódico inglés publicado en España.

También pudiera pensarse que se trataba de un boletín de poco recorrido y sin mucha ambición, pero si atendemos a los hechos, es bastante evidente que la ambición del proyecto era importante y tuvo un recorrido considerable. Además de Las Palmas de Gran Canaria, The CIR se vendía en Tenerife, tenía suscriptores en La Palma y llegó a ser conocido en Liberia, un país fundado por Estados Unidos para antiguos esclavos africanos y donde se hablaba inglés. La revista tenía anuncios de hoteles en Tenerife, Madeira e Inglaterra, donde los súbditos de Eduardo VII recibían ejemplares. Tal era su alcance… ¿y el contenido?

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Campo de Golf “Lomo del Polvo”, 1930-1940 / Fuente: FEDAC

El periódico tenía un editorial firmado por el director que fue sustituido a partir del número 38 por un telegráfico de noticias breves. Tenía una sección titulada “Spanish Notes” en la que se contaban noticias de la Península y de las islas, especialmente datos de la actividad deportiva de Las Palmas, con crónicas de los partidos celebrados en los distintos clubs, así como de la actividad sociocultural. En esta línea, disponía de un corresponsal en Lanzarote, Antonio M. Manrique, que enviaba artículos desde allí; otro apartado de noticias breves internacionales y locales o una lista de visitantes que se alojaban en los hoteles más importantes, informando de las actividades que realizaban para los huéspedes y cuyos fondos se destinaban a instituciones de la ciudad con fines benéficos.

A esta última noticia se unían otros elementos del periódico que le otorgaban un carácter social curioso, en el cual mostraba interés por la vida cotidiana de los ingleses y de personas importantes de la ciudad. En ocasiones, Correos se servía de sus páginas para dar aviso de alguna correspondencia dirigida a extranjeros que no había sido recogida ni reclamada. También había un apartado de noticias de interés local y personal, en las que se informaba, por ejemplo, de fallecimientos de miembros de la colonia o personalidades de la ciudad, así como de la enfermedad de algunos de ellos, deseándole una pronta recuperación. El tópico de la falta de interés de los ingleses por la cultura y sociedad de aquellos lugares en los que arribaban, se rompía en este semanario donde la colonia mostraba gran preocupación y cariño por las islas y por la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

El periódico fue un pequeño fenómeno que se integró perfectamente en la vida de la ciudad y recibió rápidamente la acogida fraternal de los medios locales. La aportación de los ingleses al archipiélago, desde el Puerto de la Luz hasta la comercialización de productos canarios, daba a las islas (a Gran Canaria y Tenerife, principalmente) un aire de desarrollo y modernidad que se agradecía y así era manifestado por las clases dominantes de Canarias y por los medios. Sin embargo, a unos dos mil kilómetros de allí, la impresión no era la misma.

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Fuente: The Canary Islands Review (1903-1904). Textos sobre Canarias y la colonia británica en el periódico inglés de Las Palmas, Mª Isabel González Cruz, profesora de la ULPGC. Cabildo de Gran Canaria (2003)

El alcance internacional de The CIR tenía que ver con sus corresponsales en Liverpool y Francia, que se encargaban de otras dos secciones del periódico: “Our French Courier”, llevada por Louis Guitton, y “Liverpool Market”, donde se informaba de la situación del mercado de fruta de esta ciudad, que recibía plátanos, tomates y papas de Canarias. Esto evidenciaba una relación profunda entre las islas y los ingleses; incluso el diario francés Le Parisién llegó a comentar lo rápido que se estaban ‘britanizando’ las islas. En Las Palmas circulaban periódicos extranjeros –especialmente ingleses– que llegaban antes que la prensa nacional. A su vez, en las páginas de The CIR se informaba de la llegada y salida de buques del Puerto de la Luz, y quedaba patente la supremacía inglesa en número de barcos. De repente y, tras el desastre del 98 con la pérdida del resto del imperio, eran muchas las referencias que giraban en torno a este periódico inglés a propósito de la relación del archipiélago canario con los británicos, y los círculos informativos de la capital del Reino se mostraron alarmados ante lo que consideraban una amenaza para la integridad nacional. La respuesta no se hizo esperar y el Diario de Las Palmas, en un sorprendente tono sarcástico, rechazó tales apreciaciones: «Cuánto desvelo muestra ahora la prensa madrileña en nuestro favor! ¡Con cuánta facilidad se alarma por nosotros y denuncia peligros imaginarios, ella, que antes, no hace mucho, apenas sabía ni se preocupaba de saber dónde estaba situado el archipiélago!». En ese mismo artículo, aclaró que daba la bienvenida al semanario y que esta preocupación repentina por las islas carecía de sentido: «No se asusten los diarios de las Cortes por lo que pueda decir The Grand Canary Review: estén seguros de que no dirá nada ofensivo o molesto para España, lo cuál sería molestarnos y ofendernos a nosotros, españoles fervientísimos. Y si solamente temen porque no saben inglés, la cuestión se reduce a pagar intérprete».

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Fuente: The Canary Islands Review (1903-1904). Textos sobre Canarias y la colonia británica en el periódico inglés de Las Palmas, Mª Isabel González Cruz, profesora de la ULPGC. Cabildo de Gran Canaria (2003)

¿Tenía motivos la corona para estar preocupada? Solo sabemos que Canarias siguió siendo española. Y africana. Y latinoamericana. Encuentro de culturas, puerto del mundo. El 25 de enero de 1904 salió el número 47 de The CIR, el último número que vería la luz tras un viaje que, pese a todo, apenas tuvo un año de vida. Quizás la perspectiva histórica invite a pensar que nada quedó de aquello. Al contrario que el Puerto de la Luz, el cementerio inglés, la iglesia anglicana, el campo de golf o el Club Inglés, The CIR se diluyó con los vientos del tiempo. Pero ya saben, los ingleses se van y se quedan. No se puede olvidar dónde estuvieron ni se puede borrar lo que hicieron.

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Fuentes consultadas y citadas:

The Canary Islands Review (1903-1904). Textos sobre Canarias y la colonia británica en el periódico inglés de Las Palmas, Mª Isabel González Cruz, profesora de la ULPGC. Cabildo de Gran Canaria (2003)

Las relaciones anglocanarias, Mª Isabel González Cruz, profesora de la ULPGC. Cultura Canaria, Gobierno de Canarias. http://www.gobiernodecanarias.org/educacion/culturacanaria/inglesa/ingleses.htm

La Luz Port. http://www.laluzport.com/index.html