TTIP, el coloso que viene (I)

La guerra de los dioses afecta a los mortales

«El TTIP es la más importante iniciativa que tiene la Unión Europea sobre la mesa, por no decir la única», José María Aznar.

Los dioses griegos solían venir a nuestro mundo a divertirse, a seducir mortales y propiciar enfrentamientos. Jugaban con nosotros por pura diversión, o quizás porque su mundo era aburrido. Algo parecido sucedía con los dioses nórdicos: los vikingos que llegaban en barcos a las costas inglesas para saquear y matar sajones, sabían que su destino lo escribían las Parcas, y que los dioses se lo pasaban en grande viendo sus venturas y desventuras en la triste vida mortal. En su afán por divertirse, se reían de nosotros.

Pero también hay dioses terrenales, cuyas complejas batallas poco incumben a los mortales que, como mucho, han de contentarse con ser meros espectadores, incluso cuando las armas que estos dioses puedan usar, acaben afectándoles.

Quizás, una de esas armas con la que los dioses actuales –los del comercio– manosean la vida mortal, sean los tratados de libre comercio; «acrónimos que componen nuevas Tablas de la Ley comercial», en palabras de Blanca Azcárate y Ferran Montesa. ASEAN, NAFTA, TPP, CETA… o el conocido y desconocido Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión, ampliamente citado en inglés, Transatlantic Trade and Investment Partnership: TTIP.

¿Qué es el TTIP? ¿Es nuevo? Cierto que cada vez se habla más de él, pero muy poco se ha hablado teniendo en cuenta que fue en 1995 cuando nació el proyecto, durante la Cumbre Transatlántica de –atención– Madrid. En Madrid empezó todo. ¿Qué es, pues, el TTIP?

O mejor aún, ¿qué es un Tratado de Libre Comercio (TLC)? En teoría, se trata de un acuerdo comercial en el que las partes firmantes (países, normalmente) establecen un espacio geográfico en el cual se liberaliza el comercio, esto es, se reducen los impuestos arancelarios en las importaciones y exportaciones, facilitando la introducción de productos en nuevos mercados. Por otro lado, los TCL, en la práctica, rara vez han sido solo esto.

El TTIP es un nuevo TLC que actualmente se está negociando entre la Unión Europea y Estados Unidos para establecer un área amplia de libre comercio entre los países firmantes. ¿Alguna particularidad? Quizás. En algún sondeo se llegó a la conclusión de que apenas el 30% de los españoles sabía qué era el TTIP. No es difícil constatar la escasa información que se tiene al respecto, y no es difícil entender por qué.

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Ilustración de curiousmatic.com Fuente: Wikipedia Commons. Handshake courtesy.

Una de las características de la negociación en los tratados es su opacidad. Las negociaciones son a puerta cerrada y su contenido, secreto. En el caso del TTIP, ¿quiénes se sientan en la mesa? De un lado, la Comisión Europea en representación de la UE, y del otro, la delegación de los Estados Unidos de América. En medio, encontramos desde lobbies de distintas industrias, representantes de multinacionales y técnicos, hasta académicos y activistas… pero no en una proporción semejante. Durante los años preparatorios, el 92% de los encuentros que mantuvo la Comisión fue con representantes de diferentes sectores industriales y empresariales, mientras que apenas el 4% fue con activistas y otro tipo de expertos. ¿Y políticos? Tampoco. Los europarlamentarios tienen diversas restricciones para acceder a los documentos de la negociación, situados en una sala en la que no pueden estar más de dos horas, no pueden llevar móvil ni hacer copias o fotos de los documentos, y firman un contrato de confidencialidad.

El hecho de que el sistema de elección de los comisarios y del presidente de la Comisión Europea sea tan limitado y que no haya representantes de la ciudadanía en la negociación, ni información sobre su evolución, ha dado pie a una gran polémica por la evidente falta de principios democráticos y escasa transparencia que envuelve el proceso. La información que ha llegado ha sido gracias a las filtraciones que en los últimos años han hecho Wikileaks, Greenpeace o Ecologistas en Acción, entre otros. Por lo demás, en España no ha habido una gran cobertura mediática, sobre todo si pensamos que las negociaciones empezaron en 2012. Han sido sobre todo Diario Público (por su alianza en exclusiva para España con Wikileaks), La Marea, eldiario.es, Diagonal, y algún medio más quienes han publicado periódicamente material al respecto. Pero los grandes rotativos y, principalmente, la televisión, han mostrado poco entusiasmo en el tema, o quizás han acusado la falta de accesibilidad a la información.

Lo cierto es que la práctica totalidad de organizaciones de la sociedad civil ha mostrado su firme oposición al tratado, denunciando su incidencia negativa en distintos ámbitos que afectan y amenazan a la población: derechos laborales, soberanía nacional, salud pública o medioambiente. De alguna manera, los elementos que se han ido filtrando sobre la negociación desvelan que el TTIP puede afectarnos como trabajadores, como ciudadanos libres, como consumidores y como especie que habita este mundo.

Si el TTIP es la solución, quiero de nuevo el problema

Manifestación en Alemania contra del TTIP: «Si el TTIP es la solución, quiero de nuevo el problema».

Alejandro González, coordinador de campañas de Amigos de la Tierra, nos explica cómo las negociaciones tratan de armonizar las regulaciones de ambas partes bajando los estándares.

«La normativa norteamericana es más laxa a la hora de proteger el medioambiente y la salud, de manera que EEUU y Canadá han presionado a la Unión Europea para que desregule las exigencias hacia los productos que entren. Las filtraciones de documentos nos indican que efectivamente la Unión Europea está dispuesta a ceder o ya lo ha hecho. Por ejemplo, ya reguló a la baja la Directiva de Calidad de los Combustibles, que marca el límite de las emisiones del carburante que puede entrar en Europa. Esto lo hizo para que pudiera entrar petróleo de las arenas asfálticas de Canadá, el tipo de hidrocarburo más dañino para la atmósfera que existe».

En realidad, nada de esto es nuevo. Los TLC han consistido siempre en “armonizar” o dotar de normas comunes a las distintas áreas comerciales que se pretendían estandarizar, de manera que hubiese una circulación fluida de productos. Y la evidente ausencia de actores de la sociedad civil o ecologistas en la negociación de esos acuerdos, ha hecho que la balanza se incline habitualmente hacia el lado de quienes estaban presentes.

El libre comercio es tan antiguo que tenemos que irnos a principios del Siglo III a. C. para buscar un precedente con la apertura de la Ruta de la Seda, utilizada durante casi un milenio por comerciantes que iban de China a Antioquía por Asia Central, y vuelta. Pero hay muchísimos ejemplos más, como muestra la inestimable cronología que hace la revista Punto de Vista de Le Monde Diplomatique en su número 8: En el año 1200, la ciudad de Brujas se convierte en centro neurálgico de la ruta comercial que va de Colonia a Londres; en 1241 nace la Liga Hanseática, alianza de más de ochenta ciudades que reinará sobre el tráfico marítimo del norte de Europa; en 1492, el Tratado de Tordesillas reparte el Nuevo Mundo entre Lisboa y Madrid; en 1664 se crea la Compañía Francesa de las Indias Orientales; ya en el siglo pasado, en 1948, entra en vigor el GATT, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros; en 1957 el Tratado de Roma; en 1960 tenemos AELC, el Tratado de Montevideo, ALALC y MCCA; en 1967 el ANSA entre Indonesia, Malasia, Filipinas, Tailandia y Singapur; en 1994 entra en vigor el Tratado de Libre Comercio para América del Norte, TLCAN, o más conocido como NAFTA por sus siglas en inglés; en 1995, Mercosur; en 2003, el CAFTA; en 2005 el ALBA y el TPP.

Y ahora tenemos el CETA (Comprehensive Economic and Trade Agreement), acuerdo similar pero con Canadá, y que ya está aprobado a falta de la votación en los parlamentos nacionales, y el TTIP en su momento decisivo. Un momento de cierto empate técnico entre sus defensores y sus detractores, con una recta final de infarto para los negociantes y un creciente rechazo social en tanto que se ha ido difundiendo más información.

Entre los argumentos de quienes defienden o, por lo menos, no rechazan categóricamente el Tratado, encontramos los ofrecidos en República por el Catedrático de Economía Aplicada Álvaro Anchuelo, que no acepta críticas sobre una negociación de la que, afirma, sabemos poco: «… se trata de un acuerdo que se está negociando todavía y, por tanto, es imposible saber su contenido final». También pide sopesar racionalmente las ventajas e inconvenientes. Afirma que la reducción de los pocos aranceles altos que quedan beneficiaría a las exportaciones de España:

«Evidentemente, si Estados Unidos rebaja esos aranceles, se beneficiarán nuestras exportaciones. Otros apartados del acuerdo buscan armonizar las regulaciones en sectores como el automóvil, que supone el 17% de las exportaciones totales españolas. Si, como también persigue el acuerdo, las obras y otras contratas públicas se abren en Estados Unidos a contratistas de otros países en igualdad de condiciones, hay importantes empresas de infraestructuras españolas que podrían beneficiarse».

Por otro lado, considera un error estratégico la falta de transparencia mostrada en las negociaciones.

Cuca Hernández, de ATTAC, miembro de la campaña Stop TTIP, rechaza el argumento de la falta de conocimiento respecto al Tratado por parte de quienes desacreditan a los detractores:

«…ellos mismo no manejan mucha información. La realidad es que no sólo tenemos el CETA, en el que aparecen todos los peligros de los que avisamos en el TTIP. Tenemos otros muchos tratados ya firmados y activos que han supuesto una merma de derechos de ciudadanos, incluido el propio tratado de Lisboa, que es al fin y al cabo un tratado de comercio intraeuropeo».

Como dice Cuca Hernández, existen referencias suficientes para encontrar motivos de recelo en el TTIP, sin contar con el secretismo de la negociación. El referente más inmediato es el CETA, el tratado con Canadá, y que ha venido a avisar de muchas de las cosas que se han confirmado con las filtraciones del TTIP.

Un arma, decíamos al principio. ¿Quién o quiénes la esgrimen, y para qué? Dice Martine Bulard en su artículo El ‘Far West’ asiático:

«Hubo una época en la que los dos gigantes mundiales –Estados Unidos y la Unión Soviética– se enfrentaban debido a sus sistemas políticos. Desde entonces, las dos potencias más grandes del planeta –Estados Unidos, todavía ahí, y la China emergente- luchan utilizando como arma los tratados de libre comercio».

Una batalla económica basada en el bloqueo, en frenar el avance del contrario, en acorralarlo. En la lógica neoliberal, que tiende a equiparar los intereses de las multinacionales con los de la ciudadanía, el argumento final de Occidente sería: «¿a quién perjudica el TTIP? A China».

Pero no parece suficiente, dada la enorme y cada vez mayor resistencia social a los tratados, al CETA y al TTIP.

Las luchas de los dioses nunca afectaron tanto a los mortales, y los Tratados de Libre Comercio jamás se enfrentaron a tanta oposición.

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El caballo de Troya. Ilustración de Alexander Yakovlev, (1911) Fuente: commons.wikimedia.org

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Glosario

TTIP – Transatlantic Trade and Investment Partnership. En español: Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (ATCI), a menudo expresado como Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones. Es el tratado de libre comercio que negocia la Unión Europea con Estados Unidos

CETA – Comprehensive Economic and Trade Agreement. En español: Acuerdo Económico y Comercial Global (AECG). Es el tratado de libre comercio firmado entre la Unión Europea y Canadá. Actualmente está aprobado y solo falta la ratificación de los estados miembros, y se está debatiendo hacerlo de una de las dos siguientes maneras:

  • La Comisión propone el CETA como un acuerdo “solo de la EU”, lo cual significaría que un voto en mayoría del Consejo y del Parlamento Europeos sería suficiente para ratificarlo.
  • La Comisión propone un acuerdo “mixto”, lo cual significa que el CETA se puede ratificar solamente después de que lo aprueben los parlamentos de los 28 estados miembros de la EU.

TiSA – Trade in Service Agreement. En español: Acuerdo sobre Comercio de Servicios (ACS). Para muchos, el acuerdo más grande y peligroso, cuya primera filtración la realizó Wikileaks en junio de 2014. Este acuerdo incluye a más de 50 países de todo el mundo y deja fuera a China.

TPP – Trans-Pacific Partnership. En español: Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (ATCE). Es un tratado de libre comercio multilateral ya firmado por los gobiernos de los países que negociaron durante 5 años su contenido. Involucra a EEUU y a otros 11 países: Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur, Vietnam, Canadá, México, Perú y Chile. Actualmente está pendiente de la ratificación de los Congresos de cada país.

NAFTA – North Amercia Free Trade Agreement. En español: Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN). Este tratado entre EEUU, México y Canadá entró en vigor en 1994 y ha configurado definitivamente la realidad económica de los países norteamericanos en los últimos 20 años.

ISDS – Inversor-state dispute settlement. En español: Arbitraje de diferencias inversor-estado. Se trata de un sistema de arbitraje de disputas comerciales recogida en el derecho internacional basado en un tribunal privado mediante el cual una empresa puede demandar a un Estado si considera perjudicados sus intereses comerciales ante alguna medida legislativa llevada a cabo por este.

CIADI – Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones. Se trata de una institución perteneciente al Banco Mundial encargada, al igual que el ISDS (y otros muchos) de resolver disputas comerciales entre empresas y países.

7iM_separador anchoHimar Reyes Afonso. Canario en la capital, estudió para dedicarse al cine, aunque lo que siempre ha hecho es escribir. Ha co-escrito un guion de teatro para la obra original del showman Alberto de Paz y tiene un par de largometrajes en la despensa. Escribe también sobre actualidad política en su blog personal, La Lógica del Kruger, y algunos artículos han sido publicados en la sección “Librepensadores” de Infolibre y en el portal Rebelión. Iniciándose en organizaciones de la sociedad civil como ATTAC o la campaña Stop TTIP. Colabora en 7iM desde principios de 2016, convencido del proyecto, sobre todo, porque puede escribir lo que le da la gana.