Café de Madrid

Ciento veinte años, más o menos, distancian el café donde ahora me tomo un cortado de aquel en el que se hicieron estas fotografías. El lugar es el mismo, las barbas y los bigotes parece que también, incluso la indumentaria me recuerda a la de unas cuantas personas que me he encontrado en el recorrido hasta la plaza de Cairasco, por las calles de Triana, Cano y Peregrina. Barbas recortadas, afiladas, abundantes, señoriales; como marcan los cánones de recientes “tribus urbanas”, que han hecho incluso que alguna de aquellas “barberías” de antaño abra sus puertas recientemente, ante la demanda capilar de los varones.

Las modas siempre vuelven y ahora te encuentras  habitualmente con ellas en cada esquina de este año 16 del siglo XXI. Doscientos años antes, por las calles y avenidas de Las Palmas de Gran Canaria se llevaba la cabellera facial. También los sombreros, no son sólo protagonistas secundarios en esta fotografía, sino que además hablan de rutas comerciales, de contactos e intercambios, de culturas diferentes alejadas miles de kilómetros pero cuyas influencias, a pesar de la distancia, llegaban a Gran Canaria con la premura que lo hacían en Londres.

“El hongo tiene el susto melancólico de esos pobres viajeros que no han visto otro lugar que su villa natal. No hay otro hongo por los alrededores. ¿Con quién puede hablar el hongo éste?” (Alonso Quesada. 1920, Insulario)

No vemos en esta fotografía los célebres “hongos” de los ingleses de Alonso Quesada, que convivían ya hacía décadas en estas tierras. Los “hongos” llegarían más tarde. Pero sí encontramos borsalinos y un canotier. Y claro está, el poseedor de semejante prenda tenía que estar en primer plano. El canotier es un sombrero de paja creado en Italia en 1880, símbolo de los gondoleros y también de los colegiales de Oxford, cuyo uso se extendió por América unos veinte o treinta años más tarde de que se lucieran en las calles de Triana.

El Café de Madrid era un lugar moderno, con clientela distinguida y en el que se garantizaba la higiene del agua, a ver si no, el porqué de la colocación de tantas botellitas de agua de Seltz (agua gasificada en sifón) sobre el mostrador, quizás como guiño a la colonia alemana de la isla. Se creía por aquel entonces que el agua carbonatada tenía múltiples propiedades, como evitar episodios febriles y matar gérmenes, y además se convirtió en la bebida de moda para refrescarse después de hablar mucho, de tener un día duro o para recuperarse tras el baile.

En cualquier caso, con sombrero, barba, bigote o sin él, con playeras o sandalias; el Café de Madrid, (Hotel Madrid hoy en día) continúa siendo un punto de encuentro y sorpresa para   tertulianos y cafeteros, locales o forasteros, que se dejan caer por el lugar, quizás buscando también un pedacito de historia mientras se toman su café o un buchito de agua con gas.

Café de Madrid (1905-1910) Fotógrafo: Luis Ojeda Pérez

Café de Madrid
(1905-1910)

Fotografías de Luis Ojeda Pérez.

La propiedad y pertenencia de las fotografías utilizadas en este artículo corresponden a El Museo Canario.