Tras el rayo verde (II)

Durante 7 meses, la productora Le Filmes du Losange, de la que Éric Rohmer era socio y que había producido Le rayon vert, envió a varios operadores por todo el mundo en busca del plano final de la película, el del rayo, sin éxito. Hasta que un joven camarógrafo, Philippe Demard, propuso viajar a las Islas Canarias para encontrarlo. Junto a su ayudante, Florent Montcouquiol, y armados con una vieja cámara Caméflex de 16 mm, se metieron en una avión rumbo a Gran Canaria, donde, efectivamente, lograron rodarlo, para años más tarde, en plena discusión sobre la autenticidad de la filmación, poder decir: nosotros filmamos el rayo verde, en Canarias.

Efectivamente, cuando se estrenó la película, haciéndose con el León de Oro en el Festival de Venecia, algunos pusieron en duda, como si se tratara de la famosa “leyenda escocesa” de la novela de Verne, que ese plano final fuera real. En un artículo publicado por los periodistas Gérard Lefort y Olivier Seguret  en Libération en 1998 se afirmaba que «El rayo verde final de El rayo verde parece tan asombroso que enseguida se corrió el rumor de que era una filmación auténtica de un fenómeno científico ocurrido en las Islas Canarias. Todo falso, todo verdad». Una semana más tarde, Philippe Demard publicaba en el mismo periódico un artículo en el que aclaraba: «Soy la persona más indicada para hablar, tal como consta en la poética rúbrica ‘puesta de sol’ en los créditos finales». Y explica que, pese a la insistencia de la productora para intentar recrear el fenómeno en el laboratorio, Rohmer no cejó en su empeño de filmarlo por, según el propio Demard: «Razones de coherencia estética y también por aportar su propia opinión al debate abierto por El rayo verde (la novela de Verne, en la que la película se inspira libremente), donde se plantea si se trata de un efecto real debido a la refracción de la luz o de una ilusión óptica debida a la persistencia retiniana».

Philippe Demard (El rayo verde)

Philippe Demard en 1986

Localizamos a Philippe Demard en París, donde actualmente trabaja como Editor jefe de Envoyé spécial y en France Télévisions, y nos contó cómo fue la experiencia de filmar el rayo verde en Canarias.

En el artículo en Libération usted dijo que propuso a Éric Rohmer viajar a las Islas Canarias, ¿por qué?

Sí, así fue. Yo ya conocía las Islas Canarias. Había estado de vacaciones en Lanzarote y el año anterior, en Tenerife. Propuse las Islas porque me parecía que era el lugar perfecto para encontrar un cielo claro y sin nubes en pleno invierno, condiciones indispensables para observar el fenómeno del rayo verde. Viajamos a Gran Canaria y nos instalamos en un apartamento del Sur de la isla, no recuerdo exactamente el lugar.

¿Recuerda el lugar desde el que rodaron? Se ha publicado que fue desde un apartamento de La Playa de Las Canteras.

No, fue en un acantilado entre Puerto Rico y Mogán, cuando la carretera hasta ese lugar aún no estaba asfaltada, en dirección al parque natural (su ayudante, Florent Montcouquiol, nos comentó que se divisaban lo que podrían ser las dunas de Maspalomas).

¿Hubo alguien del lugar que les indicara dónde ir a filmar?

No, estábamos solos. Yo tenía amigos en Tenerife, pero en Gran Canaria no conocía a nadie. Simplemente buscamos un lugar tranquilo, orientado al Oeste y que estuviera lo más alto posible.

¿Cómo fue la filmación?

Fue un viaje de ensueño, no trabajábamos más de una hora, a la puesta del sol. El resto del tiempo nos lo pasamos visitando la isla, que era en aquel entonces más salvaje. Nos encantaron la “reserva natural” y los pueblos del interior. Por la tarde volvíamos a Las Palmas de G.C. y cenábamos cerca del Puerto. Fue como estar en vacaciones. Habíamos conseguido filmar El rayo verde el primer día con nuestra vieja Caméflex de 16 mm, pero Rohmer insitió en que siguiéramos filmando (por si acaso) y al final nos quedamos 15 días. Por supuesto, nos quedamos encantados.