Explorar, Historia

24 horas en La Laguna

Lukas W.

Desde el momento de su fundación en 1497, la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, primera capital de la isla de Tenerife y luego del Archipiélago, se configuró como uno de los actores principales de la historia de Canarias.

Conocida popularmente como La Laguna o Aguere (A-Garaw: gran superficie de agua) en la toponimia aborigen, se haya enclavada entre el macizo de Anaga y el monte de La Esperanza, justo al paso entre las dos vertientes de la isla a 545 metros sobre el nivel del mar. Declarada Bien Cultural Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999, por ser el primer ejemplo de ciudad colonial no fortificada y precedente de las nuevas fundaciones americanas. En origen, el proyecto vino definido por la concepción de “ciudad ideal” de Platón y el nuevo Humanismo renacentista siguiendo el trazado geométrico de una Rosa de los vientos.

Vientos, los alisios, trajeron durante siglos a aventureros y exploradores a estas islas; a  fenicios y romanos, genoveses y portugueses, castellanos y holandeses; judíos de la diáspora, corsarios ingleses y colonos rumbo al nuevo mundo. Escribiendo, todos ellos, una página en la historia de estas tierras; conformando con ello, tal vez, el carácter abierto al mundo de sus gentes.

La ciudad de La Laguna puede hacer gala de ser el municipio más dinámico de la isla, con una de las poblaciones más joven de Canarias y en continua renovación. Su condición de ciudad universitaria le imprime un carácter más cosmopolita; estudiantes de todas las islas renuevan todos los años la vida de sus calles, diluyendo un poco el barniz original de su pueblo de origen para hacerse “lagunero”. No solo ellos, también los cientos de Erasmus, que vienen a completar sus estudios o hacer sus doctorados y que junto a sus libros y diccionarios acarrean tablas de surf, mochilas y su forma de ver el mundo.

Heredera de su propia historia sigue conservando el estatus de centro cultural de las islas, no solo por sus centros de prestigio internacional como Instituto de Astrofísica de Canarias o el Instituto Universitario de Bio-Orgánica también por instituciones privadas, como el Orfeón La Paz o el Ateneo; que recogen el espíritu de las tertulias de poetas, escritores y artistas, que como las de Nava (s. XVIII), reunían a lo mas florido de la Ilustración. Galerías de arte, conventos reconvertidos en salas de expresión artística, centros de cultura alternativa, Teatros y museos; incluso bares y tascas, que con  el proyecto Rutas culturales, patrocinado por el ayuntamiento de la ciudad, se suman a la oferta cultural del municipio.

Aguere es una ciudad de paseos tranquilos con un tempo de pueblo pequeño, bullicioso a unas horas del día y sosegado a horas más vespertinas, pero nunca aburrido. Ideal para compras sin prisas y descubrir pequeños tesoros.

Sin lugar a dudas, uno de los aspectos más valorados por propios y visitantes es la gastronomía. Casi una obligación, una liturgia diaria, es  salir a comer al menos una vez a la semana con cualquier excusa. Toda la isla goza de un alto nivel culinario y con chefs de reconocido prestigio, y La Laguna posee  una variada oferta en este sector, desde el clásico Taberna Osuna de repertorio canario pero sin florituras o El Esquinazo junto a la Ermita de San Benito Abad, también de comida canaria e internacional muy recomendable. Otras opciones interesantes son El Guaydil con buena selección de vinos o el Rakaposhi de comida del Himalaya, justo en la trasera del Teatro Leal.

Después, siempre el café en cualquier terraza o un helado de López Echeto para los más golosos. Probablemente, justo al lado, encuentres una casa o una puerta, quizá alguien que pasa, que te cuente una historia. Quizá la historia del corsario Amaro Pargo y su amistad con Sor María de Jesús “la siervita de dios”, de como le salvó la vida a miles de kilómetros de distancia allende los mares, con un simple acto de bilocación y cuyos restos incorruptos son aún venerados en el convento de Santa Catalina de Siena. O quizá la leyenda del fantasma de Catalina Lercaro, que aún hoy ronda en la que fuese su casa, el museo de Historia de la ciudad.