Cine

Nieves Lugo, 16 milímetros de vanguardia femenina

Laura Bautista Lesmes

Nieves Lugo deja caer la puerta detrás de sí, lleva al cuello la cámara de fotos y en la mano un cigarrillo. Vestida con una sencillez casi franciscana, se peina con los dedos su melena corta y se pinta los labios, las calles de La Orotava la miran y comentan, casi todos para bien, otros no tanto. Nieves nunca deja que nadie le diga qué debe hacer, es más, es la única mujer que empuña un cigarrillo en todo el pueblo. Baja la calle decidida, mientras en su cabeza se agolpan las ideas.

Esposa de quien no debe, siempre a contracorriente de lo establecido, aficionada a la magia y al violín, extrovertida curiosa en cuatro idiomas, chófer y madre de cinco hijos, Nieves aún tiene tiempo de dedicarse a dejarse llevar por su vorágine creativa, que la ha llevado a ser objeto de juicio de más de uno.

Desde que empezó su relación con Máximo Martín y Martín, doctor en La Orotava, aprendió una de las grandes maravillas de la vida, la fotografía. Con el revelado de las radiografías de los pacientes de su marido, Nieves logra dominar los químicos que dan vida a los huesos, más tarde también a quien los mueve, congelando la vida cotidiana del pueblo en blanco y negro. El tránsito de la fotografía al cine es un paso que Nieves considera obligatorio, aunque complejo. Tras el objetivo, los ojos de Nieves retratan los días de otra época, inmortaliza los retales de un pasado, hasta que las imágenes se empezaron a mover a base de práctica y empeño.

Las fiestas de la Isla son sus primeras “actrices”, con actores secundarios como patronos de pueblos o monaguillos de Semana Santa. De fondo, siempre alguno de sus niños pone el toque familiar al encuadre, demostrando que los Martín Lugo están hechos y curtidos en los devenires del cine. Las romerías de La Orotava quedaron inmortalizadas en las más de 80 bobinas que filmó Nieves, enrolladas en un recuerdo de hojalata.

Mientras las mujeres del pueblo lucen sus colgantes, la joya que Nieves Lugo lleva al cuello va retratando el campo trabajado, la vivaracha calle, la nieve de Tenerife, La Palma verde, el ir y venir de una pelota en una cancha, unos pies que se remojan en un barranco…  La magia de un día cualquiera hace de la obra de Nieves un trabajo hechizado por la cotidianidad.

Absorta por el embrujo de la imagen, lee revistas especializadas y manuales de técnica cinematográfica que, poco a poco, consumen el espacio de su biblioteca. Mientras se deja embelesar por el cine, garabatea ideas y conceptos en sus cuadernos, ‘Notas de algunas películas’ lo llama. Poco tardan las letras en salir de las líneas de su cuaderno, en 17 minutos de ficción en 16 milímetros.

La primera película hecha por una mujer en Canarias lleva su sello y firma. Con La Sortija Encantada, el diamante en bruto del cine femenino canario, cuenta una historia sacada de un tebeo que narraba las aventuras de otra versión de Cenicienta. Su propia princesa, que cuenta sin hablar, con 36 rótulos que dan voz a sus protagonistas. La historia de Nieves es una versión propia de la conocida doncella de Charles Perrault, libre y distinta. No podía ser de otra manera.

Nieves deja caer la puerta tras de sí, en una mano la cámara de fotos, en la otra un cigarrillo. Mientras las calles de La Orotava la miran y comentan, ella escribe mentalmente su nuevo guión, olfatea los escenarios, se fija al detalle en sus personajes, ya tiene a su protagonista.

Vídeo propiedad de Filmoteca Canaria