Sociedad

TTIP, el coloso que viene (III)

Goliat sueña cada noche con David

Himar Reyes Afonso

«La lucha de clases sigue existiendo, pero la mía va ganando»,

Warren Buffett, tercera fortuna del mundo según Forbes.

Amigos de la Tierra suele definir el TTIP como un “caballo de Troya” para Europa. Es un concepto que se ha expandido ampliamente: meter al enemigo en casa. ¿Se refieren a los Estados Unidos? No, hablamos del contenido.

Un buen análisis es aquel que explica el objeto de estudio en sí a la vez que su dimensión dentro de un contexto. El TTIP avanza o retrocede con dos enormes patas que han de ser definidas. La primera, por supuesto, es el contenido en sí, y cómo nos puede afectar.

Consumidores

El TTIP nos afectará como consumidores. Así queda claro ante las evidencias del CETA –preludio del TTIP– y las filtraciones de la negociación con EE. UU., que vienen a confirmar los análisis previos. De los informes presentados por Amigos de la Tierra o ATTAC, hemos podido conocer que la agricultura se vería gravemente afectada, suprimiendo el resto de aranceles que protegen el sector (hay que recordar que los aranceles de la UE ya son, hoy, verdaderamente bajos). A su vez, se puede concluir que se va a experimentar una fuerte degradación de las normas sanitarias y agrícolas, debido a las diferencias en los estándares sanitarios de EE. UU. y la UE, que hoy supone que muchos exportadores estadounidenses no tengan acceso al Mercado de la UE por no cumplir dichos estándares.

La seguridad alimentaria en la UE está basada en la precaución, de manera que los antibióticos o las hormonas de crecimiento están restringidas en territorio europeo. No así en EE. UU., donde podemos encontrar vacuno criado con hormonas de crecimiento, cerdo alimentado con un promotor de “eficacia nutricional” o pollo lavado con productos antimicrobianos. El caso del pollo es de los más sonados, y también es un ejemplo para ver quiénes están ejerciendo la presión en las negociaciones.

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria presentaba un informe en 2011 confirmando que las buenas prácticas en la granja son el método que mejor garantiza la protección de los consumidores ante la presencia de patógenos en la comida. ¿Para qué, pues, se querría lavar los pollos con cloro? El consejo de Europa rechazó en 2008 la propuesta de la Comisión Europea de permitir los lavados antimicrobianos en la carne de pollo basándose en el principio de precaución y en la incertidumbre científica, pues no está probada su seguridad ni efectividad. Es un método que deja la duda de si serviría para enmascarar malas prácticas de higiene en las granjas, el vertido de compuestos fosforados que contaminasen el agua, la salud de los trabajadores en las plantas de tratamiento de agua y en los mataderos. Del otro lado, tenemos el Consejo Nacional del Pollo o la gran empresa de alimentación Campbell´s, argumentando que los exportadores estadounidenses no pueden acceder al mercado europeo debido a las «barreras no arancelarias injustificables», refiriéndose a las sanitarias. Campbell´s a día de hoy no puede exportar sus productos por la moratoria al pollo estadounidense procesado con Tratamientos de Reducción de Patógenos.

Trabajadores

Goliat sueña cada noche con David - TTIP (III) - 7 Islands MagazineEl proceso de privatización de servicios públicos en España, que despertó las mareas ciudadanas en los últimos cinco años, cobra vida en el CETA, donde se explica que cada país firmante tendrá que listar los sectores o subsectores que no entrarán en los programas de liberalización. Todos aquellos sectores que no aparezcan en la lista, quedarán abiertos a la competencia extranjera. Con esto se pueden prever varias consecuencias que, en el caso de ATTAC, explican de la siguiente manera:

«bastará con que un gobierno omita un sector o subsector, o incluso que su formulación sea demasiado confusa, para que su apertura a la competencia entre en vigor. Por otra parte, cualquier servicio nuevo, producto de la innovación social o tecnológica, al no haberse anticipado su necesidad, será de inmediato abierto a la competencia. Ninguna oportunidad, por ejemplo, para que los poderes públicos conserven el control sobre las tecnologías futuras y desarrollen un servicio público sobre su uso».

En el momento en que los servicios públicos se vean expuestos a la competencia privada (que podrá jugar con los bajos costes de producción o la flexibilidad salarial), la necesidad de mantener el nivel competitivo en el mercado traería, previsiblemente, la degradación de la calidad en dichos servicios, sean estos educativos, sanitarios, energéticos, de transporte… tanto trabajadores como ciudadanos sufrirían las consecuencias de la desestabilización del sector público, cuya labor principal consiste en garantizar el bienestar de la sociedad, más allá de la rentabilidad.

¿Y las cifras? El Gobierno de EE. UU. habla de la creación de millones de puestos de trabajo para Europa. Hay estudios que aseguran la creación de 750.000 empleos y el aumento del PIB europeo hasta 2027. Un estudio encargado por la Comisión Europea a un organismo supuestamente independiente, financiado sin embargo por el Deutsche Bank y J. P. Morgan, concluye que se crearían 400.000 puestos de trabajo. Tal y como explica Irene de la Cuerda, secretaria de Acción Social de la CGT, este estudio asume la hipótesis del mercado perfecto, omitiendo las variables. Sin embargo, otro estudio realizado por la Universidad de Tufts, Massachusetts, usando la metodología del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), afirma que se perderían 600.000 empleos en la UE, y que las rentas del trabajo reducirían su participación en el PIB, lo cual supondría la pérdida de ingresos públicos. En cuanto a las Pymes, el optimismo que presentan los defensores del TTIP no se explica, teniendo en cuenta que no hay estudios que apoyen dicha postura. Sí que existe, por el contrario, la experiencia del NAFTA, con la que se podría apuntar a la destrucción del tejido de Pymes en la UE, aunque las equivalencias en economía no existen, por descontado.

Sobre la equidistancia en los intereses y prioridades de un bloque u otro, cabe destacar que Estados Unidos solo ha firmado dos de los ocho convenios de la Organización Internacional del Trabajo.

Ciudadanos libres

Goliat sueña cada noche con David - TTIP (III) - 7iMEn la pasada entrega pudimos hablar de los tribunales de arbitraje, seguramente el elemento más turbio y polémico del TTIP. El caso de Lone Pine con Canadá evidenciaba el desafío que una multinacional puede ejercer sobre la democracia amparándose en los paneles de resolución de disputas comerciales que le otorgarían una normativa como la que se está negociando en el TTIP. Ciudadanos libres que, viviendo en países democráticos, incluso ante una decisión propiciada por la resolución de un referéndum vinculante podría traer una demanda millonaria por parte de una empresa privada que considerase afectados sus intereses comerciales. El caso del NAFTA no es el único, famoso es también la disputa que recientemente ha ganado Uruguay a la tabacalera Phillip Morris, que tuvo a bien demandar al Estado por implementar en 2006 una serie de medidas para desalentar el consumo de tabaco. Peor suerte sufrió Argentina, que tras la terrible crisis económica sufrida entre 2001 y 2002, decidió devaluar la moneda para rescatar a una ciudadanía con el 24% de desempleo, lo cual le supuso una demanda de las firmas europeas Suez, Aguas de Barcelona o AWG ante el CIADI, que terminó con el tribunal condenando a Argentina a pagar 405 millones de dólares por negar el reajuste de tarifas tras la devaluación. En 2011, el parlamento alemán inició el proceso de cierre de todas las plantas nucleares para 2022, que supuso el cierre inmediato de las más antiguas y, teóricamente, inseguras. Entre ellas, las dos plantas de la empresa sueca Vattenffal, que demandó al gobierno alemán en 2014.

Estos ejemplos, que podrían ser muchos más, sirven para poner sobre la mesa la amenaza que podría suponer un TLC a una sociedad libre, pero no es lo único. También hay que hablar de la “cooperación regulatoria”.

Suena muy complejo, pero es imprescindible para entender el alcance del TTIP: se crearía un consejo regulatorio transatlántico que, mediante un llamado “sistema de aviso”, EE. UU. y la UE tendrían que mantenerse informados ante posibles nuevas regularizaciones o proyectos de leyes, de manera que tendrían que elaborar análisis para estudiar cómo dichas leyes podrían afectar al comercio. Ni se menciona la presencia de parlamentos o ciudadanos, o de algún organismo legitimado democráticamente.

La ambigüedad —otro de los elementos relevantes del texto de negociación— invita a no cerrar ninguna posibilidad. Lo que se deduce fácilmente es que, aun cuando este consejo regulador no pudiera tomar decisiones, sí que entorpecería la libertad de actuación de los legisladores, además de que cabe la posibilidad de que las grandes empresas, ante estos informes previos sobre posibles consecuencias, amenazaran con una demanda antes incluso de la puesta en marcha de las leyes en cuestión.

Como expresan ATTAC y AITEC, «La cooperación reguladora hace que el acuerdo ‘cobre vida’, ya que permite continuar negociando las normas (sanitarias, sociales, medioambientales…) después de concluir el acuerdo, sin el control parlamentario, ni de los cargos electos, de los órganos de regulación o de los ciudadanos».

Medioambiente

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La lucha de los ecologistas, que puso en la palestra la conciencia de los derechos del planeta y de la necesidad de protegerlo, se ha traducido en la asunción del medioambiente como una cuestión de Derechos Humanos. El TTIP, en la medida que amenaza seriamente al medioambiente, nos amenaza como especie que habita este mundo.

No hay nada, en el TTIP o en el CETA, que garantice el más mínimo respeto a los compromisos adquiridos en los Acuerdos de París de 2015. Aquella Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático logró el hito histórico de que China o EE. UU. firmasen por primera vez algo parecido. Sin embargo, como es bien sabido, este acuerdo no es vinculante, de manera que la introducción del CETA o el TTIP como nuevas agendas económicas en Occidente viene a desautorizar aún más aquella Convención. Alejandro González, de Amigos de la Tierra, nos explica que «el principio del Acuerdo [de París] recoge que la temperatura de la Tierra no debe aumentar por encima de 1.5º; los acuerdos en energía y alimentación del TTIP son incompatibles con ello. Esa mención a 1.5ºC es la única parte salvable del acuerdo. Después, admite el uso de combustibles fósiles, no impone restricciones al libre comercio, no propone plazos coherentes con la ciencia, no defiende los derechos humanos, ni el trabajo verde, sostenible y decente». Al igual que con los impuestos arancelarios, los TLC buscan flexibilizar las medidas de protección del medioambiente que, según las empresas interesadas, suponen gastos de producción y trabas al comercio. La necesidad de replantear la extracción de combustibles fósiles –incluyendo la polémica técnica del fracking–, la emisión de gases de efecto invernadero o la contaminación medioambiental, son elementos a batir por el CETA o el TTIP.

Lo que ofrece la restricción del libre comercio es garantizar el cumplimiento de las normativas de protección del medioambiente, y no dejarlas en manos de la buena voluntad de las multinacionales.

Lo que ofrece el TTIP es barra libre al comercio, sin control alguno sobre la forma de enriquecerse.

La segunda pata

El contenido del TTIP constituye la primera pata de este gigante de acero. Ante tantos elementos que suponen un enorme cambio en la vida de millones de personas y tantos argumentos señalando lo mucho que puede afectar de forma negativa, hay dos preguntas que aparecen casi por inercia: ¿compensa de alguna manera? Y, sobre todo, ¿a quién?

Para responder a esto, seguramente lo más fácil es mirar a quienes están presionando para fortalecer el acuerdo y a quienes se han beneficiado en el pasado. En rigor, las multinacionales son producto del esfuerzo conjunto de empresas, proveedores y pequeños empresarios, de manera que si el libre comercio les beneficia debido al mayor acceso a múltiples mercados, también beneficiaría a todos aquellos que circulan alrededor. Sin embargo, la precarización laboral, la privatización de servicios públicos, el vaciamiento democrático o la inseguridad alimentaria, solo afecta a una parte (la amenaza al medioambiente afecta a todos por igual). Es esta una dimensión que también están señalando muchas voces, tanto en el campo económico como el político o el social: estos tratados, al igual que el TPP o el TiSA, conforman una nueva agenda neoliberal cuyo trasfondo más evidente es la reconfiguración social con la caída de las clases medias y los niveles de vida alcanzado; o dicho de otra manera, el aumento de la desigualdad entre una minoría de super-ricos y una mayoría de clases populares que tendrán que hacer frente a un orden económico donde el acceso al trabajo como medio de existencia material será cada vez más reducido y más precario. Los tratados son un elemento más en la nueva articulación económica que se ha planificado para Occidente, y el elemento “de clase” parece ser la segunda pata del TTIP y sus alter-egos.

Resistencia y referencia

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La resistencia al TTIP no ha experimentado una gran cobertura mediática, pero es incuestionable su papel en la situación límite que viven las negociaciones, cada vez con más dificultades para cerrarse de forma fructífera. Por toda Europa, las campañas y las movilizaciones populares han logrado que cada vez más ciudades rechacen el TTIP a través de los parlamentos municipales. Hasta 1800 llega el número de ciudades europeas declaradas “libres de TTIP”. En España tenemos Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla… es el sexto país con más municipios y ciudades sumándose a la oposición. Y de la misma forma, el número de adscritos a la campaña contra el TTIP es infinito, con organizaciones sociales y políticas de todo ámbito.

La lucha es amplia y llega cargada de fuerza a esta recta final, con una enorme movilización programada para el próximo 15 de octubre, donde todas las fuerzas sociales, organizaciones y colectivos, han unificado sus posiciones a través de un manifiesto y una lucha común: “Las personas y el planeta por encima de las multinacionales”.

Sobre si las movilizaciones populares dan su fruto, ya hemos visto a David derrotando a Goliat. Conviene recordar la IV Cumbre de las Américas, en noviembre de 2005, donde Estados Unidos trataba de ampliar el NAFTA con el nuevo proyecto de Asociación de Libre Comercio para las Américas: el ALCA. Jamás se olvidarán las imágenes de miles y miles de personas en Mar de Plata, derribando el tratado al grito de «¡ALCA, ALCA, Al-carajo!» en un momento histórico que cambió el rumbo de todo un continente.

Ahora es el turno de Europa.

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Glosario

TTIP – Transatlantic Trade and Investment Partnership. En español: Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (ATCI), a menudo expresado como Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones. Es el tratado de libre comercio que negocia la Unión Europea con Estados Unidos

CETA – Comprehensive Economic and Trade Agreement. En español: Acuerdo Económico y Comercial Global (AECG). Es el tratado de libre comercio firmado entre la Unión Europea y Canadá. Actualmente está aprobado y solo falta la ratificación de los estados miembros, y se está debatiendo hacerlo de una de las dos siguientes maneras:

  • La Comisión propone el CETA como un acuerdo “solo de la EU”, lo cual significaría que un voto en mayoría del Consejo y del Parlamento Europeos sería suficiente para ratificarlo.
  • La Comisión propone un acuerdo “mixto”, lo cual significa que el CETA se puede ratificar solamente después de que lo aprueben los parlamentos de los 28 estados miembros de la EU.

TiSA – Trade in Service Agreement. En español: Acuerdo sobre Comercio de Servicios (ACS). Para muchos, el acuerdo más grande y peligroso, cuya primera filtración la realizó Wikileaks en junio de 2014. Este acuerdo incluye a más de 50 países de todo el mundo y deja fuera a China.

TPP – Trans-Pacific Partnership. En español: Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (ATCE). Es un tratado de libre comercio multilateral ya firmado por los gobiernos de los países que negociaron durante 5 años su contenido. Involucra a EEUU y a otros 11 países: Japón, Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur, Vietnam, Canadá, México, Perú y Chile. Actualmente está pendiente de la ratificación de los Congresos de cada país.

NAFTA – North Amercia Free Trade Agreement. En español: Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN). Este tratado entre EEUU, México y Canadá entró en vigor en 1994 y ha configurado definitivamente la realidad económica de los países norteamericanos en los últimos 20 años.

ISDS – Inversor-state dispute settlement. En español: Arbitraje de diferencias inversor-estado. Se trata de un sistema de arbitraje de disputas comerciales recogida en el derecho internacional basado en un tribunal privado mediante el cual una empresa puede demandar a un Estado si considera perjudicados sus intereses comerciales ante alguna medida legislativa llevada a cabo por este.

CIADI – Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones. Se trata de una institución perteneciente al Banco Mundial encargada, al igual que el ISDS (y otros muchos) de resolver disputas comerciales entre empresas y países.

7iM_separador anchoHimar Reyes Afonso. Canario en la capital, estudió para dedicarse al cine, aunque lo que siempre ha hecho es escribir. Ha co-escrito un guion de teatro para la obra original del showman Alberto de Paz y tiene un par de largometrajes en la despensa. Escribe también sobre actualidad política en su blog personal, La Lógica del Kruger, y algunos artículos han sido publicados en la sección “Librepensadores” de Infolibre y en el portal Rebelión. Iniciándose en organizaciones de la sociedad civil como ATTAC o la campaña Stop TTIP. Colabora en 7iM desde principios de 2016, convencido del proyecto, sobre todo, porque puede escribir lo que le da la gana.