Sociedad

25 Aniversario del concierto en ZETRA

¿Por qué estalla una guerra si la gente no quiere?

Danijel Višević /ZETRA

Ya han pasado 25 años del punto culminante del movimiento pacifista de la antigua Yugoslavia. En Julio de 1991, 80.000 yugoslavos se congregaron dentro y fuera del Estadio ZETRA, en Sarajevo, para celebrar juntos su apuesta por la paz. Días después, cien mil personas se manifestaron contra una guerra que creían que no estallaría nunca. El concierto se retransmitió por televisión, donde músicos, oradores, público, todos estaban convencidos: «Esta tarde traeremos la paz de vuelta». La tarde del 28 de julio fue el apogeo y el declive del movimiento pacifista, del que hoy casi nadie se acuerda.

Me tropecé con el concierto del ZETRA la misma tarde en la que pretendía cerrar el tema de los Balcanes y la guerra. Acababa de terminar mi novela antibélica, que me había llevado cinco años, y era el momento de dedicarme a otros temas. Pero entonces, justo cuando escribo la última frase del libro y abro una botella de vino, decido buscar en You Tube rock yugoslavo (Jugo-Rock) de antes, para celebrar el final de la novela; y encuentro un vídeo de un concierto, de dos horas y media de duración, que ya no me deja. En un estadio enorme, bailan diez mil personas con banderas yugoslavas, de la paz, hippies. En el escenario están Ekaterina Velica, Crvena Jabuka, Merlin, Goran Bregović, Bajaga, conozco casi todas sus canciones de memoria. Una y otra vez, suben personas al escenario que abogan por la paz. Una chica de trece años, que ha reunido más de 11.000 firmas contra la guerra, Jadranka Pejaković, hace un llamamiento para que se unan a su lucha por la paz. Luego, una mujer que habla sobre una gran manifestación pacífica en Belgrado, Zorica Trifunović, del Centro para Acciones Antiguerra. Un estudiante que ha fundado la Liga por la Paz en Yugoslavia, Branislav Radulović, llama a negarse a cumplir con el servicio militar. El público vibra y grita: «Queremos la paz», «no nos separarán», «Yugoslavia».

Y así durante dos horas y media: música, discursos, música, discursos.   Los músicos, actores y artístas más conocidos del país están sobre el escenario. Se está retransmitiendo en directo por la televisión, y en medio del público se ve protestar a una de las personas más poderosas de Yugoslavia: «¡Las fuerzas de la paz ganarán!”». Es Vasil Tupurkovski, uno de los ocho miembros de la presidencia yugoslava que relevó en 1980 al presidente Tito, su larga presidencia.

«Todo lo que yo creía hasta ese momento sobre la población de los Balcanes se desmoronó en dos horas y media»

El concierto termina con la canción escrita para el movimiento pacifista: Yo creo solo en el amor. Todos los artistas están sobre el escenario, ninguno se ha ido, han cantado una o dos canciones y ahora, todos juntos, una vez más, cantan contra la guerra, que creen que esa tarde han evitado. Durante varios días, los periódicos pubican que el pueblo ha hablado: «¡Queremos la paz!».

Todo lo que hasta ese momento sabía y pensaba sobre la población de los Balcanes y la guerra se desmoronó en dos horas y media. Durante cinco años había investigado para mi novela —¡sobre esa guerra!—. Creía conocer todas las batallas y masacres. Hablo el idioma y durante la investigación estuve en Croacia, Bosnia y Serbia. Conversé con soldados de todas las partes y escuché sus historias. Sí, tiempo atrás habían vivido juntos en paz, croatas, serbios y bosnios, pero la guerra era totalmente inevitable, porque en aquella tierra había mucho odio adormecido. Era solo una cuestión de tiempo el que los pueblos de los Balcanes chocaran de nuevo y se masacraran unos a otros, pensé yo. Sí, yo, Danijel Višević, cuyos padres provienen de esa región. En Yugoslavia todos habían estado esperando la guerra.

«Los conciertos se celebraron en parte en lugares donde la población era menor que los que acudieron a los conciertos»

Los días siguientes me puse a investigar el movimiento pacifista. Siempre había creído que no existió, que ese concierto fue seguramente una excepción. No lo fue. Me encontré con que hubo más de veinte conciertos como ese, algunos en pequeñas ciudades, cuya población era menor que el numero de asistentes a los conciertos. Algunos se celebraron en lugares donde,  según dicen, el odio étnico existe desde hace siglos: Mostar, Konjic, Banja Luka. Uno de los conciertos por la paz se celebró en Kraguejevac, el corazón de la industria de armamento serbio, y también se retransmitió por televisión. Encontré cifras que no podía creer: el 85-90 por ciento de los belgradenses que fueron llamados a filas no se presentaron, se escondieron o desaparecieron. De hasta 200.000 desertores habla el Centro Antiguerra. También descubrí historias increíbles, como la del soldado Vladimir Živković que, con su tanque, recorrió 200 kilómetros desde el frente de Croacia hasta Belgrado para colocarlo delante del Parlamento como forma de protesta. O la historia de seis mujeres que durante varios días impidieron que entraran 93 carros blindados en su pueblo. De los quinientos soldados que convencieron a trescientos para que “regresaran con sus madres”.

Conté a mis amigos Marcus Pfeil y Carolyn Braun lo del concierto ZETRA y, como yo, no podían creer que hubiera un movimiento por la paz en Yugoslavia, algo así se sabe. Lo vieron y quedaron tan entusiasmados y desconcertados como yo. Queríamos saber: ¿qué fue de las personas que estuvieron en el concierto? Queríamos escuchar sus historias, sabíamos que podíamos aprender mucho de sus experiencias y relatos.

Con el proyecto ZETRA perseguimos, sobre todo, tres objetivos.

Era final de enero y en seis meses levantamos el proyecto ZETRA junto a la periodista de Berlín Deana Mrkaja, la fotógrafa Sylvie Gagelmann, el editor (montador) David Holfelder y el cámara Axel Warnstedt. A nuestro equipo también se unieron diez voluntarios, personas que entendieron al instante nuestra idea y los objetivos que perseguimos:

  • Queremos corregir la imagen de las personas que en ese momento cayeron en la guerra, una guerra que una gran mayoría NO quería.
  • La guerra no es lo que les pasa a “otros”. La paz que tenemos no es obvia, es valiosa, un tesoro digno de proteger.
  • Deberíamos posicionarnos alto y claro contra el nacionalismo y el odio, porque solo bastan unos pocos actos violentos para provocar una atmósfera en la que las personas se sienten forzadas a tener que decidirse por un grupo determinado —el paso previo a la guerra—.

Hasta bien entrado Septiembre podremos contar historias.

La historia de Karla Hajman, por ejemplo, que en 1999, con dieciséis años, huyó de Belgrado hacia Italia y hoy vive en Berlín. Ella nos advierte sobre el nuevo nacionalismo en Europa y describe a Yugoslavia como el sistema inmunitario de la memoria europea, «porque, para nosotros, la guerra no es historia, es nuestra guerra». O la historia de Srđan Vuletić, que pasó en Sarajevo los cuatro años de asedio, y mantiene que la lucha diaria contra cualquier forma de nacionalismo, odio, racismo, xenofobia y homofobia, es la apuesta más efectiva por la paz. O la conmovedora historia de Jadranka Pejaković, la chica de 13 años que reunió más de 11.000 firmas contra la guerra y desde el escenario del ZETRA llamó a todos a unirse en su lucha por la paz.

Las historias son muy diferentes, pero todas las personas tienen algo en común: ninguna contó con la llegada de la guerra. Los padres de Eleonora Birsl-Jung creyeron que el concierto por la paz era tan solo un espectáculo publicitario en el que los organizadores buscaban enriquecerse. ¿Por qué iba a haber una guerra en Bosnia?

Esa pregunta nos la hacemos nosotros, tanto antes como ahora: ¿por qué estalla una guerra cuando la gente no quiere? La búsqueda colectiva de fuentes, es decir, el llamamiento que hemos hecho para que nos cuenten sus historia ha terminado. Pero esta es la primera fase de nuestro proyecto. No nos pierdas la pista, continuará.

ZETRA - Days of Hope - 7 Islands Magazine

Fotografía de Sylvie Gagellman.

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Danijel Višević (Kaiserslautern, Alemania, 1977) es escritor, periodista y realizador de televisión, director del proyecto ZETRA. Trabaja para Deutsche Welle y Die Woche der Kanzlerin.