Entrevistas, Literatura

Adela López Bruno:«si soy, soy»

Marina Cardenal / Fotografías de Manu Navarro

Adela aparece por la calle lateral al Gabinete Literario a ritmo ligero, nos saluda con la mano y sonríe. Lleva una bolsa como quien lleva un tesoro y nos explica entre risas y con naturalidad que acaba de tener un golpe de suerte: «Acabo de pasar por una zapatería y tenían estos zapatos de mi número. Es que, chica, llevo un 41 y no es fácil de encontrar». Hemos quedado en el Hotel Madrid pero está cerrado, «no pasa nada» nos dice, pegando su cara al cristal de la puerta, «voy a hablar con Vladi, a ver si nos deja pasar. Es que yo aquí me siento como en casa». Mientras ocupamos una mesa junto a la ventana, Adela nos recomienda algunas tapas que allí «son deliciosas: unas papas con verduras, un sándwich mixto, ¿qué quieren tomar?». Pone su bolso en la silla de al lado, aunque también lo puede colocar en el suelo porque no es supersticiosa. Estudió Relaciones Laborales y Recursos Humanos, algo de lo que dice no haber ejercido nunca. Cuando habla te mira a los ojos, mueve las manos, en seguida te envuelve con sus gestos y con su voz nos habla de sus pasiones. Aparte de la literatura, que ha convertido en profesión, Adela López Bruno es grafóloga y terapeuta Gestalt.

Adela López Bruno, tras unas Putas Navidades, escritora - 7 Islands Magazine

Queremos preguntarle por su novela, su opera prima Putas Navidades, «que es y será mi novela más pegada al hueso», y acabamos hablando de la vida. De lo poco que le gustan las falsedades, de la mujer, del paro, de ser madre soltera, de lo puta que es la vida a veces con sus retos. Y de eso trata Putas Navidades, de la vida, en concreto de la suya, y no tiene tapujos en hablar de ella. Lo que le tocó vivir, dice, lo tuvo dentro mucho tiempo. Ella cree firmemente que cuando la vida golpea es cuando puedes ver el calado de las personas. Esa novela es un proceso, un camino, es rabia, ira, pero también perdón y, sobre todo, es una herida en la que Adela tenía que escarbar para que sanara. La trama estaba ahí, esperando a ser escrita desde hacía tiempo.

Eres terapeuta Gestalt y grafóloga, ¿cómo te dio por escribir? 

Pues precisamente fue trabajando como grafóloga. Me di cuenta de que no se me daba mal, y me gustaba la redacción de los textos y apoyar a mi compañera en esa tarea. Entonces decidí apuntarme al taller de escritura creativa de Alexis Ravelo, para aprender y mejorar. Y fue maravilloso, me descubrió un mundo, no solo de literatura, sino de cine. Hay que leer y mucho, y aprender también a leer. Fue fantástico. Después, como trabajo del taller, Alexis nos propuso hacer una novela colectiva, Solo mi sombra, y quedó muy bien. Ahí me entró el gusanillo y decidí ponerme a escribir. Yo tenía esto dentro, una necesidad de transmitir y contar lo que había vivido.

Y te estrenas con Putas Navidades, una novela semi-autobiográfica.

Sí, tenía una necesidad de contar lo que me había pasado, que a su vez yo consideraba muy literario. No sólo por la muerte del padre de mis hijas, sino por haberme enamorado de un excuñado, el rechazo de la familia… fue todo muy doloroso y a la vez cotidiano, la vida. Alexis Ravelo me advirtió de que podía ser muy duro ese rascar de nuevo en la herida, pero soy una mujer que no tengo ese miedo y acepté el reto, además no me apetecía escribir sobre otro tema.

Adela López Bruno, tras unas Putas Navidades, escritora - 7 Islands Magazine

Te introduces en el mundo literario desnudándote, qué valiente.

Sí, a mi me parece también un acto de valentía por dos motivos. Uno, tuve que empezar de nuevo a volver a sentir todo aquello, que para mí era muy importante, porque solo así podría transmitirlo con esa intensidad; y dos, escribirlo en primera persona me resultó aún más duro porque para mí era abrirme en canal y revelar mi vida. Y al publicarlo, esa parte de tu vida deja de ser sólo tuya y te expones a las críticas. Para mí, Putas Navidades, significó una catarsis, yo cerré una etapa con ella, sin duda. Me sirvió.

En Putas Navidades haces una crítica bastante fuerte a determinadas actuaciones de las mujeres.

Me molesta cuando la mujer alardea de feminista, de defensora de una serie de valores —en los que yo creo— que verbaliza y defiende y luego, a la hora de la verdad, hace todo lo contrario. Y me molesta aún más en la mujer, porque yo lo soy, y va en contra nuestra, “menos hablar y más hacer”. Y sí, fui crítica porque, por las circunstancias de mi vida, yo me movía en un matriarcado de mujeres, mujeres activistas socialmente que luego de puertas para adentro se comportaban de otra forma. Las palabras se las lleva el viento y a mí lo que me demuestra son los hechos, los gestos, “si soy, soy”. Y particularmente en un clima como ese, dos personas libres se enamoran y se me castiga de esa forma, me castigan esas mujeres, cuando yo no he quitado nada a nadie… pues no lo entendía. Me llegaron a negar el saludo por la calle, pero incluso con la muerte del padre de mis hijas me impidieron despedirme de él. Para mí fue una etapa muy dura, y esa negación de la despedida es irreversible, porque yo no tuve otra oportunidad de despedirme de él.

Adela López Bruno, tras unas Putas Navidades - 7 Islands Magazine

Sin embargo, en la novela también hay perdón, un nuevo comenzar…

Sí, es que aunque yo sintiera rabia e ira, tuve  templanza y me siento muy orgullosa de ello. Siempre me decía a mí misma: “actúa con el corazón, con los valores que tienes, por su memoria”.  Es más fácil dejarse llevar por el arrebato. Así que sí, me costó mucho encontrar un final, pero me parecía que ese es el que quería para Putas Navidades, porque a su vez es generoso con el lector. A mí me parece que al lector hay que dejarlo también volar e imaginar.

Estudiaste Recursos Humanos y Relaciones Laborales y nunca has ejercido como tal. 

No, nunca, curiosamente. Porque yo empecé a estudiar Empresariales, pero no me gustaba nada y me planté. Entonces, un amigo de mi padre le aconsejó “¿por qué no mandas a Adela a los Estados Unidos, que allí es diferente el sistema educativo?” Así que me mandó a hacer la misma carrera, pero en los Estados Unidos. Estuve allí un año y pico, y eso me cambió, me llenó de valor, y le comuniqué a mi padre que ni en mi idioma ni en otro, Empresariales no era lo mío. Y me puse a estudiar Recursos Humanos y Relaciones Labores, que era lo que me gustaba. Sin embargo, luego he trabajado de un montón de cosas: secretaria, recepcionista… todos, trabajos que tienen que ver con mi personalidad, no sé, que defienden mi forma de ser, abierta y servicial. Es entonces cuando empiezo a buscar el camino humanista, y bebo de esa fuente en mi vida. Será porque me encanta la literatura rusa y sus emociones a la hora de escribir.

Adela López Bruno, tras unas Putas Navidades, escritora - 7 Islands Magazine

Eres grafóloga y Terapeuta Gestalt. 

Sí, es muy interesante, la grafología es una técnica buenísima de auto-conocimiento. Hay mucha gente que cuando se entera de que lo soy me pregunta si puedo decirle algo de su firma, y no hay que tomárselo a la ligera. En la escritura de las personas podemos ver muy bien cómo son, qué los define, y así, alegremente a mi no me gusta decir nada. Por ejemplo, en una entrevista que me hicieron en la radio, el periodista Kiko Barroso me preguntó en antena sobre su escritura. Yo me quedé boquiabierta, pero claro, Kiko es muy especial y muy divertido, aún así, no pude más que sorprenderme por su valentía. Hay personas que puede que se lo tomen a mal y no les guste lo que les diga, así sin prevenir.  Se puede aprender mucho de uno mismo analizando la escritura.

También eres terapeuta Gestalt, ¿en qué consiste? 

Es una rama humanista de la psicología, es un arte de acompañamiento con el otro, es una filosofía, holística. Abordar la psicología desde lo que emerge, escucha, un gesto, una emoción, estar atentos a todo ese lenguaje es lo que el terapeuta realiza. Para mí es filosofía de vida, el continuo de la conciencia, estar registrando, darme cuenta de mi organismo, como reacciona, si estoy conectando. Estar en la mente y en el cuerpo. Y es un entrenamiento. En definitiva, se basa en el conocimiento de uno mismo, y hacer ese ejercicio me parece que es un acto de generosidad para con los demás. Antes y después sigo teniendo mi lado oscuro, mis polaridades, pero al estar atento y reconocerse, puedes reconocer las emociones y soltarlas. El terapeuta Gestalt acompaña al otro a darse cuenta, a tomar conciencia para lograr un equilibrio y encontrar mecanismos para su propia autorregulación. 

 Y ahora estás trabajando en tu próxima novela. 

Sí, es diferente a Putas Navidades, y su proceso también lo está siendo. Es una novela coral, con seis personajes, cuatro mujeres y dos hombres, y los pongo hablar sobre temas que a mí me interesan particularmente. Por ejemplo,  sobre el paro, ese sentirse socialmente excluido, las sensaciones en la Oficina de Desempleo, las miradas… es algo que he experimentado. También sobre la educación, yo soy pro escuela pública —desde el respeto absoluto a que cada uno elija la opción educativa para sus hijos— pero yo creo en lo público en todos los sentidos, y quiero hablar de ello. Otro de los temas de los que también quiero hablar es de la menopausia, porque es una etapa en la que estoy como mujer, y  creo que es un tema tabú hoy en día. Y a mí es algo que me hace mucha gracia y te pongo un ejemplo que me pasó y que incluyo en un capítulo. Estando con unas amigas en plenos calores, me empiezo a abanicar, y me dice una “muchacha, Adela, no te abaniques, disimula, que se va a dar cuenta todo el mundo” y yo  “que no me abanique, ¿por qué?”—y yo flipando, toda asfixiada—. Me dio la risa, porque no lo entendía, ¿y qué? , me parece una tontería y necesario hablar de ello.

Adela López Bruno. Entrevista - 7 Islands Magazine

¿Qué literatura te gusta leer? 

Los rusos, a mí me encantaría ser Dostoievsky, la literatura rusa… Tolstoi, me apasionan. Me puede cuando hay vísceras, la miseria, lo humano, las contradicciones, neuras… esa mezcla de psicología, emoción… ¡la vida, coño!, perdón. La vida es como es, la vida nos pone a veces en lo último y también nos lleva al cielo. La adversidad… ahí se ve mucho como es la gente de verdad. Pero me gusta beber de muchas fuentes y picar de los escritores nuestros, he leído mucho a Alexis, a Pepe Correa, a Pepi Farray. Yo le agradezco enormemente a Alexis sus consejos, no solo literarios, sino cinematográficos… Hay que leer, hay que leer.

¿Cómo es  Adela López Bruno?

¡Ah! Novelera, yo soy una novelera, me encanta sentarme en una cafetería y observar a la gente e imaginar, ser espectadora. Me confieso también algo caótica, pero necesito absolutamente el orden. Quizás porque mi naturaleza es caótica busco el orden para respirar. ¿Has oído hablar de las constelaciones familiares?