Historia

La piel y el lenguaje

Los aborígenes y el tatuaje

Marina Cardenal

¿Se tatuaban los aborígenes canarios? La piel de las momias canarias no revelan que así fuera, con lo que estaría zanjado el asunto. Pero aún así, y como nos gusta el misterio, acudimos a las crónicas de los clérigos que en el siglo XV narraron los primeros encuentros de las tropas franco-normandas con los pobladores de las islas. En sus narraciones, recogidas en el Le Canarien, nos encontramos con el siguiente fragmento: «totalmente desnudos, salvo unos calzones hechos con hojas de palmera, y la mayoría lleva blasones de distintas formas grabados en el cuerpo, cada uno según su gusto» (Le Canarien 1630)

Si bien la expresión “grabados” nos puede indicar que efectivamente los aborígenes canarios se tatuaban diversos símbolos que indicaban su pertenencia a un determinado grupo, no es tan clara su interpretación. Los historiadores Elias Serra Rafols y Alejandro Cioranescu, autores de una de las traducciones de las crónicas francesas al castellano publicadas en 1959, anotan que estos dibujos no podían ser tallados en la piel, sino pintados: «Las divisas entalladas se ponen en relación con las pintaderas, los famosos sellos grancanarios de tierra cocida, que no conoce el cronista, y además no podían entallar sino apenas pintar la piel». 

Sin embargo, en el siglo XVII nos encontramos con otro relato sobre la historia de Canarias que vuelve a despertar nuestra curiosidad entorno al uso de marcar la piel: «Eran los canarios por la mayor parte de estatura de cuerpo mas que medianos, anchos de miembros, grandes fuerzas: hubo algunos agigantados; quando nacia la criatura le echaban agua en la caveza y havia personas dedicadas pava este oficio, y eran mujeres biejas de las mari maguadas, y decian adquirir cierto parentesco con los padres, y el niño y labrabanle los brazos y pecho con pedernal sajando la carne, y tal vez el rostro…» (Historia de las siete islas de Canaria 1687)  

El autor de este texto es Marín y Cubas, historiador y médico teldense (Gran Canaria, 1643-1704). Según el prólogo del profesor Juan Régulo Pérez, Marín y Cubas debió conocer la publicación francesa Le Canarien, si bien no entendía la lengua, por lo que los estudiosos opinan que debió de guiarse por la traducción de Abreu Galindo y por las crónicas que circulaban en aquel entonces, como la de Servan Grave, un capitán y comerciante bretón, residente en la isla de La Palma desde 1605, al que se le atribuye la primera traducción al castellano del Le Canarien 

Tallar, labrar, pintar, el caso es que estos vocablos en esas primeras crónicas han quedado sobre el papel, si bien, las incógnitas sobre la fiabilidad de las fuentes, de las erratas en la  traducción y en general el misterio que envuelve el pasado prehispánico de las islas hacen difícil la tarea de poner un poco de luz en los usos y costumbres de los primeros habitantes de las islas.  

El dibujo, ya sea en la piel, en las cuevas, e incluso bajo la piel, es la forma más antigua de expresión del hombre. ¿Para qué? A modo de talismán, con poderes curativos, religiosos, de pertenencia, decorativo, el hombre desde que es hombre se dedica a tatuar: Marcar, dejar huella en alguien o en algo, según la RAE. Si lo hacían o no los aborígenes canarios, no lo sabemos, pero podemos dejar volar la imaginación mientras observamos las pintaderas, las figurillas de cerámica y las cuevas pintadas que labraron los primeros habitantes de las islas.  

Tatuajes de aborígenes canarios. Ilustración de Juan Pablo Jiménez 7 Islands Magazine

Tatuajes de aborígenes canarios. Ilustración de Juan Pablo Jiménez