Entrevistas, Explorar

África: tan cerca, tan lejos

Entrevista a José Naranjo

Marina Cardenal

José Naranjo (Telde, Gran Canaria, 1971) es un periodista de esos de libreta, bolígrafo, cámara fotográfica y  “patear”. No porque se haya quedado anclado en otro tiempo sino por todo lo contrario. Porque considera que la única forma de contar en profundidad una historia es la de volver a tomarse el tiempo para viajar al lugar, investigar, hablar con los protagonistas, documentarse, contrastar y entonces ponerse a escribir. Y es que aunque la digitalización de la información suponga una gran ayuda a la difusión del trabajo del periodista, Naranjo reflexiona sobre su profesión, sobre la actual avalancha de información que se publica bajo la impronta de la inmediatez, y se pregunta si la elección del periodista ante este panorama debería ser “quedarse quieto”. Aunque no fue exactamente eso lo que hizo cuando decidió que tenía que contar de otra forma la llegada de mujeres, hombres y niños procedentes de África a las costas canarias.

El fenómeno de la llegada de cayucos repletos de africanos con el objetivo común de conseguir una vida mejor en Europa lo llevó a dar el salto de los apenas 200 kilómetros que separan las Islas del Continente. Viajó por Marruecos, el Sahara, Senegal, Mali, Gambia, Cabo Verde, Argelia y Mauritania buscando respuestas, las historias de esas personas. Actualmente vive entre Dakar y Bamako y desde allí colabora  como periodista freelance con diferentes medios de comunicación, como El País, la cadena SER, Mundo Negro y La Provincia, para los que ha informado sobre la guerra de Malí, la epidemia de ébola, la extensión del yihadismo en África, la crisis alimentaria en el Sahel o la explotación de recursos naturales por parte de gobiernos extranjeros y multinacionales.

Ha escrito dos libros: Cayucos (Ed. Debate 2006) y Los invisibles de Kolda (Ed. Península 2009). Y ha colaborado con  otros periodistas en Inmigración en Canarias. Procesos y estrategias (Fundación Pedro García Cabrera, 2008),  Las migraciones en el mundo. Desafíos y esperanzas (Icaria, 2009) y Fronteras 2.0, Integración Social y Cultural en el mundo globalizado (2011).

Ha recibido varios premios a su labor periodística, como Antonio Mompeón Motos de Periodismo 2006 y el Premio Derechos Humanos del Consejo General de la Abogacía Española 2007. El último, el Premio Canarias de Comunicación 2016. Le cedemos la palabra.

Pescadores en Nuadibú, Mauritania. 7 Islands Magazine

Pescadores en Nuadibú, Mauritania.

¿Por qué África?

África vino a visitarme con la llegada de pateras a Canarias. Como periodista, me tocó cubrir ese fenómeno y desde el primer momento me di cuenta de que no podríamos explicarlo si no hacíamos el esfuerzo de ir a los países de origen y tránsito para saber de dónde vienen, cómo vienen y, sobre todo, la gran pregunta: ¿por qué vienen esas personas?, ¿qué es lo que los lleva a jugarse la vida en el intento de llegar a Europa? Una vez allí y con el paso de los años, me di cuenta de qué África es mucho más que lo que cuenta la narrativa oficial de ese continente.

A mí lo que me gusta de África es su imprevisibilidad. Cuando uno sale a recorrer las calles de una ciudad africana o cuando emprende un viaje nunca sabe lo que le va a ocurrir. Eso es algo de lo que aquí carecemos, porque llevamos una vida mucho más planificada y milimetrada. Y África es el reino de lo informal y lo imprevisible, de la improvisación, y a mí eso me parece fascinante.

Barbería en Dakar, Senegal. 7 Islands Magazine

Barbería en Dakar, Senegal.

¿Miramos a África?

Cuando miramos a África lo hacemos bajo el tamiz de lo negativo, pues no está en el centro de la atención informativa más que para hablar de guerras o de miseria. Y es que damos poca voz a los propios africanos para contar su realidad y cuando alguno de sus periodistas, escritores, blogueros o activistas ciudadanos tiene la oportunidad de venir aquí para contarnos decimos: vaya, sí que pasan otras cosas en África. Somos como niños, asombrados ante el eterno descubrimiento.

Recuerdo el mes de agosto de 2014, cuando estaba en Sierra Leona con el propósito de contar lo que allí sucedía con el ébola. Ya había miles de muertos y la extensión de la enfermedad afectaba a todas las estructuras de los sociedad y a la vida cotidiana de otros muchos países africanos, se trataba de una epidemia de dimensiones nunca antes vista. Sin embargo, en Europa estábamos centrados en el debate de cómo protegernos para que no nos llegará el virus. Solamente nos comenzó a interesar cuando hubo europeos contagiados y fallecidos. Ese fue para mí uno de los momentos de mayor indignación, en el que más me afectó ese desenfoque distorsionado sobre África, ya no como periodista, sino como persona.

No puedo olvidar el caso de la auxiliar de enfermería Nacy Yoko, del hospital de Kenema, en Sierra Leona, donde los sanitarios trabajan sin protección ni medios suficientes, y me decía: «Claro que tenemos miedo, pero yo no puedo dejar de atender a estas personas y dejar que mueran». A las dos semanas, Nancy murió contagiada por el virus del ébola.

Otro tanto pasa con el auge del yihadismo. En Europa hemos sufrido recientemente varios atentados que nos indican que tenemos un problema. Hay una manera de entender la religión que linda con la expresión violenta y que está instalada tanto en Europa como en África Occidental: Mali, Niger, Burkina Faso, Mauritania, Costa de Marfil e incluso Senegal, que es un país tradicionalmente estable y tranquilo, este problema existe y no podemos seguir mirando para otro lado.

¿Qué nos une a África?

Yo creo que los puentes existen. Cuando estuve en Gao, durante la guerra de Mali, entrevisté al tercer alcalde de la ciudad, que se había quedado durante el asedio de los yihadistas, y me contó que era uno de los líderes de la comunidad de los Arma, descendientes de marroquíes y españoles que habían llegado a Mali muchos siglos atrás, fundiéndose con la población local. Me contó que en su casa guardaban aún los tambores, pendones y otros objetos de aquellos primeros españoles que fueron parte de sus antepasados y que por sus venas corría sangre española, como por las mías.

Así que creo que esos puentes y esos vínculos existen anclados en la historia, aunque hay una tendencia a olvidarlos y a tomarse con un cierto desdén, con una cierta condescendencia y desprecio todo lo que viene de allí. Cuando en realidad, si supiéramos mirar de otra manera comprenderíamos que la inmigración es una oportunidad para aprender, de compartir e incluso hacer negocios, en los que todos podamos ganar. Sólo en una relación en la que nos tratemos de tú a tú podremos avanzar juntos, porque si no, vamos a seguir perpetuando unos modelos que ya están caducos.

Me gustaría que si mi trabajo sirve para algo sea para contar esa otra realidad de África. Es verdad que no siempre encontramos los espacios pero estamos en ello, y hay que saber buscar.


Video Heart of Africa, cortesía de Michael Sugrue.

Imágenes  de vídeo y fotografías de Mauritania, Mali y Senegal de Conspiradores.